Vivir no es sólo existir

Hola todos, gracias por leerme y así acompañarme en este viaje. Cuando me fui por primera vez lo pensé como un 'voy y vuelvo'. Algo finito, aunque largo. Hoy veo que estoy viviendo esto y después estaré viviendo otra cosa. Viajo para conocer lugares, costumbres, horarios, comidas, ritmos, gente, calles, Dojos, maestros, compañeros, trenes, redes de metros, culturas.
Hoy el objetivo del viaje, si bien tengo un plan sobre el que improviso, es viajar. Si es posible trabajar en distintas ciudades para, 1) financiar el viaje y 2) entrar bien en el ritmo local, no ser sólo un turista más.
Este texto lo voy a expandir en la entrada 'Inicios y Motivaciones'
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lunes, 5 de octubre de 2015

042-Helsinki 29~30/sep - Un paseo por el bosque, otro avión


Helsinki 29/09 – martes – Parque Nacional Nuuksio

Desayuné lo que me quedaba y fui a la estación, compré más desayuno y almuerzo en un Alepa y subí al tren a Espoo. Las instrucciones decían que tome el autobús 85 A o T, pero estos tardaban al menos otros 45 minutos y se me iba a vencer el boleto de hora y media que tenía. Tomé el 85, que según el mapa me deja en una parada que se llama Nuuksio. Antes de alejarnos de la ciudad subieron 10 nenes de primaria con dos docentes, a cada grito ellas los chitaban y reinaba el silencio por unos 20 segundos. Empezamos a manejar entre bosque. De repente, edificaciones, un complejo muy grande que no supe qué era. El grupo infantil se bajó aquí. El resto seguimos hasta un claro donde el autobús dio media vuelta y nos bajamos, final de recorrido. Le pregunté al chofer si esta era la entrada al parque nacional, me dijo que ahí termina su recorrido y que si me tomo el 85 A sigue un poco más. Puso primera y se fue.
Foto desde el camino en el bosque
En este punto le podría haber preguntado a la otra gente que se bajó con migo, pero justo delante de mí, al otro lado de la calle, había una senda. La seguí, a los 100 metros desapareció en un claro, la volví a encontrar y seguí caminando. El camino se bifurcó varias veces. Siempre cuidando de recordar dónde doblé, seguí y seguí. Encontré muchas piedras grandes con moho, el tipo de paisaje que esperaba. Vi una casa, seguí de largo, me topé con una carretera, le seguí menos de un kilómetro y llegué a una zona con varias casas entre los árboles. Bien cuidadas, parecían habitadas, pero que en ese momento no había nadie. Volví por donde fui, me equivoqué al doblar algunas veces, pero llegué a la parada del micro.
Desde ahí camine cuesta arriba al lado de la ruta, pasé un claro bastante grande que hace de playa de estacionamiento, sólo había un auto. Seguí hasta encontrar unas casas rojas. Parecían una empresa, había un cartel con el mapa del parque y una entrada con dos carteles que indicaban la dirección a dos de los puntos del mapa. Uno de ellos era el lago Haukkalampi. Elegí ese con la intención de pasar por 3 lagos y volver al mismo punto.
 
Caminando el cartel del mapa
Inicio del sendero
A los 10 metros me topé con una bifurcación, uno de los caminos lo guían cintas rojas en los árboles y el otro cintas de color celeste y blanco. Volví a los carteles, no había indicación de colores, según el mapa, ambos podrían ser el camino, en los bosques es común que estos giren varias veces, entonces no sabría, desde ese punto, cuál tomar. Elegí el rojo. Avancé bastante, el sendero desapareció y volvió a aparecer varias veces, así mismo dobló y se bifurcó. Me encontré cruzando el estacionamiento de antes, avancé más y volví a ver las cintas rojas, aunque parecían naranjas, no supe si era otro camino o el mismo decolorado. Empecé a dudar, quise volver pero las bifurcaciones me perdieron. Activé el gps del teléfono y comparé mi ubicación con el mapa del parque, apunté en dirección a la ruta y seguí caminando. Por alguna razón extraña, en una esquina del camino, al doblar, había una cinta celeste y blanca atada a un árbol. Había llegado al camino correcto sin tener que volver al inicio por la ruta, y de yapa ligué un paseo.
Esta vez sin perderme ni dejar de ver las cintas, avancé por mi senda. Cada tantos metros aparecía un cartel que corroboraba mi dirección al lago. Cuando estuve cerca escuché a muchos niños gritar. El primer vistazo del lago estuvo acompañado de 6 grupos de primaria en su día de campo. Uno de ellos era el mismo que me acompañó en el viaje.
Puente a la isla. Lago Haukkalampi
Ocarina y almuerzo

En este lago hay un bar, que estaba cerrado, una mapa, letreros que indican otros destinos dentro del parque y baños con agua potable e inodoros composteros (sin agua, con pozo). Pero lo interesante del Haukkalampi es su isla. Crucé un puente de madera de unos 20 metros y la recorrí completa, es muy chica. Busqué un buen lugar en la orilla con sol y me senté a disfrutar de la vista.
Sentí que era un buen momento y saqué mi ocarina de la mochila, empecé por repasar y recordar las notas básicas. Mientras me concentraba en seguirlas en orden a la vez que repetía sus nombres dentro de mi cabeza, podía escuchar los chillidos de los nenes al otro lado del agua. En un momento dejaron de sonar. Me saqué la ocarina de la boca, alcé la vista y justo frente a mí estaba uno de los grupos con sus docentes mirándome, les devolví la mirada y, a pesar de estar cruzando el lago, lo notaron y me saludaron agitando las manos, me hizo sentir muy bien, y les devolví el saludo. Este fue un lindo momento. Ellos siguieron su camino y yo volví a mis notas. Me esforcé en recordar las del inicio del Himno a la Alegría, la primera melodía que aprendí, me tomó un rato, pero la saqué. Luego guardé la ocarina y almorcé. Con la panza llena me tiré donde estaba y me quedé dormido escuchando el viento, el agua, los pájaros y los niños.

Lago Mustalampi

La siesta habrá durado unos 10 minutos, o 15 tal vez, me levante, acomodé mis articulaciones y volví al puente. Lo crucé y me quedé un rato frente a los carteles indicativos y el mapa. No pude encontrar ninguno de los destinos en ellos. Me guié por la orientación de los senderos trazados y me dirigí a lo que esperaba sea el lago Mustalampi, el camino era muy corto, así que lo corroboraría pronto. Lo era, llegué al lago en pocos minutos, también había nenes. Llegué por el centro y lo bordee por el norte. Me recordó al refugio La Playita en el río azul, tanto por la gente como por el aspecto del lugar.
Caminé con el lago a mi derecha hasta que el sendero se alejó, se acabó el lago y volví al bosque. El camino se volvió a bifurcar, tomé el que claramente no era porque tenía más piedras. Mientras subía pude ver como se cortaba el camino al frente, se notaba que se acercaba un acantilado o terraplén con vista al lago, eso mismo era. Filmé el último trayecto, desde la subida hasta la vista desde la cima. Me quedé sentado frente al lago Valklampi. Lo aprecié en silencio un buen rato.
Lago Valklampi
Cuando me levanté para volver al camino tenía dos opciones, la segura, directo para atrás hasta la senda marcada y caminarla bordeando la roca sobre la que estaba y llegar a la orilla; o bordear la roca desde arriba y buscar una forma de bajar luego. No me hubiera tomado el trabajo de describir ambos si no hubiera elegido el segundo. Todo iba bien los primeros metros, hasta que llegué a un risco, lo pasé con un poco de miedo, el espacio para pisar era de 40cm y tenía a un lado una pared y al otro una caída de 6 metros o más. El segundo risco era peor, un espacio para pisar de 20 cm (menos que mi pie) y con una curva. Bajé a primera piedra y estaba en ese punto en el que no sabés si es más arriesgado avanzar o volver. Dado el caso, avancé. El espacio era tan estrecho que me pegué a la pared de piedra y me saqué la mochila. Pasé pegado al muro hasta que lo crucé. Volví a respirar tranquilo. El camino retomaba ahí nomás, ya en la orilla. Caminé con el lago a mi derecha, otra bordeando por el lado norte y el sendero se volvió a alejar y a adentrarse en el bosque.
Casa abandonada en el bosque

El mapa decía que iba a ver el extremo norte del siguiente lago (este va de norte a sur), que ahí habría un muelle y que luego se volvería a abrir el camino dejándome en HALTIA, de modo que mi nuevo destino, guiado por los carteles, era este, HALTIA, sea lo que sea. Llegué al extremo norte del lago Nuuksion Pitkäjärvi, ahí estaba el muelle, pero sólo había un bote, bastante grande, a remo, atado a un árbol y con agua dentro. Abandonado parecía. Volví al camino y a los pocos metros de alejarme del agua vi una casa antigua. Fui a verla, también estaba abandonada, pero hace años. Se notaba el paso de varias tormentas dentro de ella, sí, entré. Me entretuve lo suficiente en esa esquina del camino y volví.
Entre subidas y bajadas, a veces veía el lago y otras me hundía en el bosque, otras también encontraba claros o caminos para autos.

El bote al que no subí
El camino dobló como lo indicaba el mapa y llegué a un complejo muy grande, parecía una fábrica. La crucé por el estacionamiento y encontré otro cartel que me apuntaba a HALTIA. Seguí, perdí las cintas rojas en los árboles y llegué a una planicie enorme. Desde la cima se veía el lago y aerosillas, estaba en un centro de ski. Di media vuelta y encontré mi camino. HALTIA es el centro donde se habían bajado los nenes esta mañana, los mismos que me encontré en el lago Haukkalampi. Esta vez no había nadie. No estaba seguro de qué era este centro, la puerta parecía cerrada y estaba cansado. Sólo quería sentarme frente al lago con un café y comer galletitas. No encontré el café, bajé unas escaleras y vi una carpa azul enorme con el nombre del centro. Seguí, me senté en un muelle y merendé tranquilo. Siesta al sol.

Me desperté, guardé todo, estiré y me quedé un rato viendo el lago. Volví a subir las escaleras y me aventuré en el centro, estaba abierto. En la recepción brindan información y mapas del parque, hay una tienda de recuerdos, dos museos y un restaurante. Subí al restaurant, pedí la clave del Wifi y me senté con un café y una dona. Chatee un rato, subí algunas fotos, rellené el café y me fui. Volví a lo que creí que era una fábrica, es un complejo deportivo gigante. Quise alquilar un bote a remo, pero cerraron a las 6. Llegué tarde. Me quedé con las ganas, me pasé con el descanso.
Lago Nuuksion Pitkäjärvi, donde dormí la segunda siesta
En el mapa figuraba un mirador, más o menos a un kilómetro. Fui a verlo. Se estaba haciendo de noche. Cuando llegué a la mañana tenía puesto el buzo, la campera, la bufanda y el gorro, a lo largo del día me fui desvistiendo hasta quedarme sólo con el buzo, en ese momento con el sol escondiéndose volví a usar la bufanda. El mirador es espectacular. Una gran vista panorámica. No estaba solo, había un fotógrafo capturando el momento. Charlamos un poco y me dio su tarjeta para que visite su página. Ahí tiene fotos del este del país. Son buenas.
Se me ocurrió la idea de quedarme hasta que anochezca y ver las estrellas en un lugar como este, pero de noche, por la ruta, se encienden las luces y ya no es lo mismo. Volví a la parada del micro. Me quedaban unos 40 minutos para el próximo. Me pegué al edificio y robé un poco de wifi. Legó el micro y llegué sin problemas a Espoo, donde compré la cena y algo para el desayuno.
En el tren comí el tupper del súper, papas y carne en salsa, estaba rico, un poco duro, lo compré de noche, con 30% de descuento. Cuando llegué a Helsinki me sentía lleno, pesado y cansado. Tomé el micro al hostel. Se me cerraban los ojos, necesitaba un baño y la cama. Dejé todo en la habitación y fui con la toalla a la ducha en el subsuelo. El cuarto de baño estaba clausurado, pero se podía usar la del lavadero. Entré unos minutos al sauna y me duché. Excelente. Pasé por la puerta de la cocina y no pude hacer más que saludar con la mano. Preparé la mochila para mañana y caí rendido en la cama a las 10pm.


Helsinki 30/09 – miércoles – Suomenlinna / Riga, Letonia

Esta vez me desperté a la hora programada, pero el desayuno se tardó un poco. No llegué al puerto antes de las 7 para ver la niebla. Pero vi como los puesteros del mercado empezaban a repararse, algunos ya estaban listos. Mi ferri salía en 30 minutos, así que pasee por el mercado. Me metí a comprar frutos rojos en una de las fruterías. Las frutas las venden por litro, compré el mínimo, medio litro de bayas del bosque. También compré un frasco de mermelada de arándanos y una botella de jugo de lo mismo. Hablando con la vendedora me comentó que está orgullosa de la igualdad de género que hay en Finlandia. Hace un tiempo ella fue pintora de casas y le pagaban lo mismo que a los hombres, a todos igual. Pero el exceso de igualdad puede ser un problema agregó. Dijo que acá a veces pasa que se pierden los roles en la casa, y estos son importantes. Otra cosa que comentó fue que nunca tuvo particular interés por viajar a Sudamérica, pero sí a Argentina. Porque en Finlandia el tango es muy fuerte y le genera una gran curiosidad saber qué pasó, cuándo pasó? Quién llevó el tango argentino a Finlandia? Cómo pasó eso? El tango de acá es melancólico, triste.
Mercado del puerto

Llegó el ferri, algunos locales subieron con sus bicis. Estaba lleno de japoneses con sus cámaras de fotos. Yo subí a la planta alta y, sentado en un banco afuera, disfruté de la vista y de mis bayas. También saqué fotos. Desembarcamos en la famosa Suomenlinna. Hay un cartel con un poco de información. Las construcciones militares de esta isla se elevaron entre los siglos XVIII y XIX, en 1991 la UNESCO declaró a la isla tesoro de la humanidad por su valor histórico.
Varias islas en el camino
Caminar entre las distintas zonas de esta base militar es como estar en un videojuego, una película de época. Me encantó. En cada rincón encontraba un cañón, un almacén escondido, pasadizos subterráneos, calabozos, colinas de pasto que escondían construcciones subterráneas y una playa para tomar sol en la arena. Estuvo genial la isla, pero tenía tiempo límite. El check out del hostel era a las 13 y el avión despegaba a las 15:35. Me quedaron algunos lugares pendientes que tuve que dejar atrás.
Suomenlinna urbana
Volví al puerto para tomar el ferri de las 11:40 y llegué a Helsinki a las 12, en el camino vi el gigantesco barco de la Vicking Line que va hasta Estocolmo. Bajé y tuve que atravesar el mercado. Una tostada de salmón me cautivó el corazón. Me la comí mientras caminaba a la estación de trenes, desde donde tomé el autobús al hostel.
Suomenlinna histórica
Me preparé para el viaje, todo dentro de la valija salvo la mochila azul y lo que pude meter en ella. Salí muy justo de tiempo. Elegí ir el tren, me costó 5 euros y al llegar al aeropuerto me di cuenta que no había hecho el check in online, estaba apurado, a una hora del despegue, pedí que me hagan el check in ahí mismo y me cobraron 10 euros. Crucé las puertas y vi en el horario que faltaba media hora para abordar. Podría haberme ahorrado los 10 euros?
Almacenes escondidos
Los minutos pasaron rápido y abordamos. Pensé en leer, en escribir, pero dormí. Una hora y media de vuelo, me desperté cuando con el anuncio del piloto de que estábamos por aterrizar en Riga, Letonia. Este aeropuerto es chico, tiene 4 terminales con 4 puertas cada una y entre todas no llegan al tamaño de una de las terminales de Barajas o Ezeiza. La mía era la puerta C1. Para cruzar a la terminal C pasé por un escritorio de migraciones. Los oficiales vestían un traje semi militar verde con hombreras que los hacían parecer más grandes de lo que eran. Les expliqué como entré a la Unión Europea y como pensaba entrar a Rusia, cuando estuvieron conformes aflojaron con el tono de señor malo y me preguntaron si me gusta el fútbol. Hasta en Letonia nos conocen por este deporte. Hice tiempo en el Business Lounge, comiendo y escribiendo. Cuando se hizo la hora bajé a la puerta y abordamos. Me voy a Rusia.
Próxima parada, Moscú.

domingo, 4 de octubre de 2015

041-Helsinki 27~28/sep - Exhibición y sauna



Helsinki 27/09 – domingo – Creo que herví de los nervios

Ayer, en un correo que me respondió Jenny, me invitó a ir al sauna el lunes por la tarde con los Sensei invitados y los finlandeses guías. Así que una de mis tareas para hoy o mañana a primera hora era comprar una maya, ya que la mía la doné a Londres.
Nos despertamos a las 7:30. Entre que nos despertamos, desayunamos y preparamos las mochilas, nos pusimos a ensayar recién a las 8:50, tristísimo. En ese rato, un japonés que vive en Finlandia, que se estaba quedando en el Dojo sólo por hoy practicó Tai Chi, Aiki jo, Aiki ken y Katori. Cuando terminó hablamos un poco, su Sensei es Igarashi, pero mientras, no sé con quién entrena. El ensayo estuvo bien, era sólo para memorizar lo que queremos mostrar. También apareció Mohamed a ensayar la suya, él la va a hacer más simple. El japonés nos ofreció llevarnos en su auto al seminario. Bajé a terminar de cerrar la mochila y me apagaron la luz, estaba apurado, así que terminé a oscuras y subí las escaleras. Me estaban esperando. Subimos a su auto y salimos. Nos perdimos un par de veces pero llegamos con tiempo de sobra. Nos tomamos un tecito cada uno antes de entrar.
Yo me duché, me vestí y nos encontramos en el tatami, a estirar antes de la última clase.

[Clase 5/5: Waka Sensei. Seguimos complicando el asunto, esta vez con ushiro ryote dori y ushiro ryokata dori. Moverse siempre estable, con posturas claras y generando desequilibrio. Busqué a algunos conocidos, llegué a practicar con Juuka Sensei, Ivan y Kaoru, peor no llegué a Mihail Sensei. Con Kaoru me tocó saho kokyuho y haishiundo, me levantó la petisa.]

 Después de la clase Igarashi Sensei me llamó para darme los DVDs, yo le di los regalos de España, una bota de vino para él y un abanico artesanal para Machiko-san (su esposa). No le di los yenes que le había preparado, en un mail me dijo que no le pague, dudé si se ofendería o no, y en el apuro, se me pasó.
Volvimos a almorzar lo mismo de ayer, y nos sentamos a un lado del tatami a repasar los detalles de la exhibición. En eso se nos acerca Teemu, el presentador, para pedirnos nuestros nombres para presentarnos. Teemu es una persona muy particular, con los ojos muy abiertos, una sonrisa permanente, cara cuadrada y siempre parece estar exaltado, habla Finlandés, inglés, sueco, japonés, francés y no sé si otro más. Parece que va explotar.
Nos vestimos de aikidokas y entramos al tatami. Seguimos practicando y nos vino a saludar Juuka Sensei. Es Papá Noel en persona este hombre, si estuviera un poco más gordo…

Dani, Oyama, Ueshiba, Igarashi, yo
Ya nos habían explicado todo. Los finlandeses tienen un orden de formación, tiempos, formas de moverse, todo muy estipulado, son muchos y hay que hacerla corta. La exhibición la abrió Teemu, excelente presentación, luego los 14 grupos locales. El nivel del Aikido de Finlandia es muy alto. Notamos con Dani que la mitad de los Sensei son mujeres, acá hay mucha más igualdad de género que en otros países, ni machismo ni feminismo (esto lo noté también por otras cosas, no sólo Aikido). Finalizó la primera etapa con Oyama Sensei, qué manera de revolear muñecos este hombre, es muy bueno.
Sabíamos que se venía la pausa y que luego entraban los japoneses, pero Teemu se inclinó y caminó con un ramo de flores hasta el medio del tatami, solo. No entendía nada yo, esto está fuera de programa. Le hizo un reconocimiento público a Jenny por su esfuerzo y dedicación. Se cargó al hombro terrible seminario y salió perfecto.
Delegación japonesa, Masaru, Kaoru y Hirano de Hombu, muy suaves y fluidos, estilo Igarashi mezclado con Doshu, se vio muy bien.
Yo, Juuka, Dani
Para cuando entraron ellos, Dani y yo estábamos en la primera fila de las gradas listos para salir. Los nervios nos carcomían. Teemu anunció por el altavoz ‘Representing Argentina, Mr. Nahuel Lombardi, adelante por favor’, y salimos caminando al centro del tatami. En ese momento Igarashi y Waka Sensei dejaron la mesa. Waka Sensei fue a prepararse para su exhibición e Igarashi se posicionó en la esquina de donde va a salir para la suya. Él nos vio, Waka, no sé. Hubo un tropezón pero la zafamos. Nos retiramos por los vestuarios recuperando el aliento y juntando para la segunda. Desde la puerta vimos como terminaba la exhibición de Rusia, durante los aplausos cruzamos a las gradas y nos preparamos para la nuestra siguiente presentación mientras Mohamed representaba a Egipto. Lo escuchamos a Teemu ‘From Spain, Mr. Daniel Torres, please’, y salimos otra vez al ruedo, esta vez Dani por delante, le toca hacer de nage/tori. También hubo un tropiezo, nos quedamos en blanco en el shomen uchi, pero la zafamos. Dimos la vuelta otra vez por los vestuarios y llegamos a ver a los Shihanes. Peter de Suecia, dos de Finlandia, Juuka de Finlandia e Igarashi Shihan. Como siempre, fue la divertida. Tomo de uke a los y las finlandeses de siempre.
Como cierre, Waka Sensei. Mostró un gran repertorio de Aikido, desde muchos agarres, ataques y posturas. Un despliegue completo.

Antes de irnos se vino la sesión de fotos. Los grupos con los Sensei. España y Argentina fuimos juntos. Cuando se liberó el kamiza nos sacamos una foto con Juuka Shihan, pero antes encontré una oportunidad para darle el regalo a Waka Sensei, porque lo vi a Mihail llevándole un vodka ruso. Me acerqué pero se metió en el vestuario, mientras me estaba alejando escuché la voz de Igarashi Sensei ‘Naueru! Hakama.’. Esta vez sí pude doblársela. Cuando terminé Waka había vuelto a salir. Lo esperé a que termine de hablar y le di la lata de té inglés que le había comprado en el Portobello Market. Me dijo, ‘See you next time’, e Igarashi agregó, ‘In sauna’.

Monumento a Sibelius
Costa oeste de la península
 Fin del seminario. Nos duchamos y salimos. En la puerta coordiné con Nina para devolverle las llaves mañana y con Jenny por el sauna.
Volvimos al Dojo. Estaba lleno de mini judokas, nos pareció raro, una clase de Judo infantil un domingo a la tarde. Dejamos nuestras cosas guardadas, nos cambiamos y salimos a turistear. Primer día para el paseo, lo empezamos comprando sánguches en Alepa. Teníamos recomendaciones de Marta, de Kristina (con quién nos sentamos en la cena) y la guía turística. Descartamos el ferri a Suomenlinna por la hora. Fuimos directamente a la torre del estadio olímpico. Llegamos a las 7 y cerraba a las 6. Caminamos al puerto más cercano, pero no estaban los barcos grandes de la Viking Line que van a Estocolmo. Cerca estaba el monumento a Sibelius, lo vimos, nos gustó, lo soplé pero no hizo ruido. Recordaba que la guía decía que era interactivo, no supe interactuar con él. Trazamos un recorrido que pasa por las iglesias grandes y por la estación de trenes. Primero bordeamos un poco la costa, hicimos unas fotos y encontramos el Café Reccata, muy bonito, nos atrajo el olor a leña. Afuera, con el frío, había un grupito alrededor de una fogata al lado del café.

Tortugas de piedra
Catedral de Helsinki
Nos topamos con la iglesia en la piedra, cerrada. Pasamos por la estación y llegamos a la iglesia grande y blanca, imponente, al lado de la plaza. Sólo un monumento en la plaza y el resto plano. Seguimos hasta el otro puerto, el que está cerca del hotel donde se quedaron los japoneses. Vimos muchos barcos a vela y otra iglesia grande, esta vez de ladrillo a la vista y cúpulas doradas.
Nos pusimos a buscar un restaurante pero estaba todo cerrado o al menos la cocina. Cerca del centro entramos a Stone’s. Leímos el menú y yo le pregunté a la moza que a qué se refiere con Stone’s plate. Era la picada de la casa, yo esperaba algo relacionado con piedras. Ordenamos y vimos el video de la exhibición. No quedamos tan desconformes como creíamos. Estuvo decente a nuestro parecer. La segunda vez que lo vimos ya empezaron las críticas. Legó la comida, muy rica y el postre también. Nos hicimos la foto con las chombas (polo) de la AETAIKI y nos fuimos.

En el Dojo dejamos todo listo para mañana, Dani se va a las 5am para llegar a su vuelo y yo a pasear por el centro hasta las 2 para ir al hotel de Sensei. Me regaló una maya (bañador) para que use en el sauna. La vi y me acordé de Maxi Grillo, es ajustada, Maxi dijo en Hawaii que no le gustaban y que un día usó una y no volvió a usar las otras. A dormir a las 12.



Helsinki 28/9 – lunes – Adiós Dani / Sauna finlandés




Dani se fue a las 5:30 y yo me desperté a las 7. Anoche llamé al hostel y me dijeron que puedo dejar mi equipaje en la mañana y hacer el check in después de las 2pm. Le escribí un mail a Nina para decirle que le llevo la llave al hotel esta tarde y que si quiere que le lleve también la bolsa de dormir.
Desayuné, escribí, preparé todo para salir y el la respuesta de Nina no llegaba. La llamé pero no me atendió. Salí con mis mochilas y la valija a la parada del micro. El teléfono se conectó a una red abierta de la ciudad y me llegó la respuesta, dijo que está bien y que le lleve la bolsa. Volví al Dojo, la recogí y volví a la parada. El hostel es a primera vista un lugar muy hippie. Paredes pintadas de colores claros y algo apagados, plantas por todos lados, adornos artesanales y un jardín algo descuidado con una mesita. El recepcionista parece estar volado pero viste un traje elegante y tiene el pelo bien arreglado. Me dejó pagar y hacer el check in en ese momento. Subí a la habitación compartida, 4 camas, espaciosa, cómoda, dejé todo y me hizo un tour. Primer piso de madera, con alfombras en las habitaciones, un baño. La escalera también de madera. Toda la casa es de madera, es antigua pero bien mantenida. En la planta baja está el pórtico donde se dejan los zapatos, un pequeño hall para administración que ya no se usa, una habitación, luego viene la sala de estar con un televisor grande, una cuna de bebé, la computadora del administrador, una mesa grande común y posters y dibujos de elfos y duendes. La cocina está casi en el mismo ambiente, separada por una arcada muy grande. Tiene todo lo necesario, el tacho de basura es múltiple, para múltiples reciclados. Todo está muy limpio. Volví a mi cuarto, preparé la mochila para el día y salí.

Monumento a Sibelius
Jugo caliente en Café Regatta
 Era temprano, así que fui directamente al monumento a Sibelius y repetí el recorrido de ayer con Dani, esta vez todo de día. En el café Regatta esta me senté dentro, es muy acogedor. Estaba dispuesto a tomar un café, pero en el menú vendían Jugo caliente. Lo tenía que probar. Estaba rico, era de arándanos.
Entré en la iglesia dentro de la roca. Es interesante, esperaba encontrar grabados religiosos dentro, pero no. Es un espacio acomodado como iglesia, los íconos que pude ver fueron una cruz sobre el atril del sacerdote, un cuenco de piedra para el agua bendita y un órgano contra la pared. Hay unas gradas desde las que saqué una foto panorámica. Por detrás se veían hombres trabajando, puede que haya una segunda cámara, tal vez con alguna obra antigua.
Iglesia dentro de la roca
Cuando estaba a pocos minutos del hotel entré a un restaurante y compré el menú almuerzo. 10,10 bufet libre. Me serví tres veces y estuvo todo riquísimo. A esta gente le encanta el salmón rozado, lo tienen en todos lados. Terminé de comer y fui directo al hotel donde la encontré a Nina. Le di la llave y la bolsa de dormir y nos quedamos a esperar a los demás. Apareció Anu, otra de las organizadoras, y uno de los ukes. Se fueron y aparecieron los Sensei solos. Después de buscarnos nos encontramos todos en la puerta, estaba Jenny. Fuimos en una furgoneta y un auto al lago donde están los saunas. En el camino, yo estaba en el auto con Anu, el uke y una japonesa que vive en Helsinki, charlamos de varios temas. El camino es muy lindo, el lago es hermoso. Rodeado de bosque, hay pequeñas casitas de madera, que son los sauna. Pagamos en la recepción y nos pusimos los trajes de baño en los vestuarios. Estos saunas son mixtos, hay otros que no y se entra sin ropa.
Hicimos la primera entrada, un Sensei de Judo que estaba ahí nos acompañó aumentando la temperatura del cuarto tirando agua en la rocas. Waka Sensei salió y fuimos todos al lago y nos tiramos al agua, estaba muy fría, pero por el contraste parecía helada. Volvimos al sauna. Esto se repitió varias veces. En un momento me puse a charlar con Pertti, un local que me llevó a probar los otros dos saunas. Son más pequeños y más calientes, tanto que no podía ni pisar la madera ni sentarme. En el primero él se equivocó y tiró mucha agua de golpe sobre las ropas, el vapor quemaba y nos fuimos rápido. Entramos al segundo y lo aguantamos mejor. Pero para sentarnos entramos unas maderas frías. Salimos y volvimos al sauna grande, con el resto de la gente, entonces ese parecía tibio. El ruedo duró un rato más hasta que decidimos irnos. Había una sola ducha en el vestuario. Cuando me tocó a mí no me pude duchar, el agua estaba muy caliente y no se podía regular. Me quemó la cabeza. Me vestí salí a encontrarme con el resto.
 
Lago del sauna
Volvimos a Helsinki y nos dejaron a todos en el restaurante donde van a cenar los Sensei. Igarashi me pidió la plata del DVD, 54 euros, que es lo que cobran acá, pero yo le di el sobre con los 9000 yenes. No lo abrió, lo dobló, se lo guardo y me agradeció. Nos vemos en Rusia.

En ese momento pensaba seguir a los Yutani, pero cuando me voltee los había perdido. Fui a la estación de trenes a averiguar cómo llegar al parque nacional Nuuksio. Después caminé en dirección al puerto a ver si conseguía información para ir a Suomenlinna el miércoles antes del vuelo. El centro se ve vivo, totalmente distinto a anoche, en dos horas iba a estar muerto, pero ene se momento todo estaba abierto, lleno de luces y gente yendo y viniendo. En el camino me los crucé, Masaru, Kaoru y Hiranio, estaban yendo a comer. Yo ya estaba en modo solitario. Cruzamos unas palabras. En el seminario, y en Japón también, Kaoru me decía, ‘Vos sos muy rico!’, cuando le contaba lo que viajaba. Esta vez, con menos exaltación me preguntó a modo de confirmación si soy un viajero. Sí que lo soy!

Seguí mi ruta y me dieron ganas de un café, me puse a buscar uno, no quería un restaurante ni una franquicia, si era local mejor. Encontré algo raro. Un ventanal con un letrero que decía ‘TraveleCafé’. Por dentro se veía un grupo de gente vestida casual, paredes blancas mesas modernas, todos con notebook, netbook o smartphone y un proyector. Parecía una agencia de viajes. Entré y pregunté si realmente era un café. Me dijeron que sí y dejé mis cosas sobre una silla. Yo era el único cliente. Luego me enteré que también era el primero. Rentaron el espacio por una semana y empezaron ayer. Les conté de mis viajes, saludé a una blogger que tienen viajando por el mundo, ahora está en Londres. La pyme es de cocktails de café, no recuerdo haber visto algo así antes. Tomé dos, uno con naranja y caramelo y uno con menta y chocolate. Y me dieron de probar uno frío con agua tónica. Me gustaron bastante, el frío no tanto. Nos pasamos el Facebook con uno de los chicos y volví a mi camino al puerto. A los pocos metros de salir vi la luna, llena, enorme y amarilla, le escribí a Otto, mi nuevo contacto de Facebook para que vaya  a sacarle unas fotos, mi teléfono no le hace justicia a semejante imagen. 

Catedrasl de Helsinki
TravelCafé
 En el puerto comprobé que hay horarios todo el día y de noche también para ir a la isla, volví al hostel con esa tranquilidad. En el camino me dio hambre y compré unas hamburguesas en Hesburguer y dos donas para el desayuno.
En el hostel me serví un café. Tienen en la despensa común, pero cuesta un euro, que lo dejamos en la alcancía chanchito. Conecté la laptop a la pared y me senté en la mecedora a escribir, me comí una de las donas del desayuno. Después de un rato me incorporé a la mesa donde un ruso, una rusa y Mustafá, que no recuerdo de dónde era nos pusimos a charlar un rato. El último es ingeniero y está acá por temas de estudio, ella no me acuerdo pero mañana se va a un parque nacional que está a 8 horas en micro, el ruso sacó visa de Finlandia para entrar a la Unión Europea, pero por reglamento tiene que entrar por acá, así que se vino y mañana viaja a su destino real que no recuerdo si me dijo cuál era. Nos sacamos una foto a pedido de este y nos fuimos a las camas. Yo preparé mi mochila para el parque que me espera en unas horas. A dormir.