Vivir no es sólo existir

Hola todos, gracias por leerme y así acompañarme en este viaje. Cuando me fui por primera vez lo pensé como un 'voy y vuelvo'. Algo finito, aunque largo. Hoy veo que estoy viviendo esto y después estaré viviendo otra cosa. Viajo para conocer lugares, costumbres, horarios, comidas, ritmos, gente, calles, Dojos, maestros, compañeros, trenes, redes de metros, culturas.
Hoy el objetivo del viaje, si bien tengo un plan sobre el que improviso, es viajar. Si es posible trabajar en distintas ciudades para, 1) financiar el viaje y 2) entrar bien en el ritmo local, no ser sólo un turista más.
Este texto lo voy a expandir en la entrada 'Inicios y Motivaciones'
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lunes, 9 de mayo de 2016

126-Dublín 24~26/abr - me despuido de un amigo



Dublín 24,25,26/04 – una nueva visita del tío con Beto

Domingo 24: chef


Hoy fui el encargado solitario de la cocina. Gary me dijo que lo llame cuando quiera y que si se me complicaba que lo haga ir a Ismael. No fue necesario. Abrimos un domingo por un partido de fútbol, no de rugby. Es más tranquilo. En la barra estaban Alan e Isabela nomás. Fue suficiente. Cerramos la cocina a las 4:30 y me fui a las 6.
Mi tío y Beto estaban en Guinness volviendo al hotel. Los fui a esperar. Como no llegaban me quedé en el puente escuchando música y comiendo una porción de torta de chocolate que me llevé del bar. Fuimos a su habitación y nos dormimos una siesta de media hora. Salimos directo al Temple Bar a probar cervezas. Paseamos por 2 o res más y nos despedimos ene l hotel. Me pagaron un taxi para que pueda dormir un poco. Mañana salimos tempranos de paseo en auto.


Lunes 25: adiós
El tío en el lago alto
Esta mañana, antes de que me vaya, se fue Vinícius. No nos volveremos a ver hasta que llegue el día de nuestro viaje de mochila en Sudamérica. Nos dimos un fuerte abrazo y ultimamos detalles d ela mudanza. Las cosas que me quedan pendientes por hacer como cancelar el gas, pagar las facturas, cobrar la plata de los chicos, coordinar para poner las cortinas, juntar las 5 llaves y entregárcelas junto con 300 euros al dueño el sábado.
Desayuné cereales, usé un ratito la compu y me fui al hotel. En el camino lo llamé a Michael, el encargado de alquilarnos el departamento para que me comunique con la gente de las cortinas. No pude comunicarme. Lo dejé para después. Con mi tío y Beto desayunamos en el hotel. Los desayunos formales son pagos, pero hay un mini bufet gratuito hasta para mí. Buena onda. Nos llenamos y nos fuimos a buscar el auto.
El tío y Beto en Flanagan's
Siguiendo el gps de mi tío y el mío recorrimos las montañas de Wicklow por caminos similares al tour que hice con Álvaro y Cecilia. Primer destino, Glendalough. En el camino ya se veían lindos paisajes. Estacionamos y fuimos a recorres la ciudad monasterio, de paso fuimos a los lagos chicos que suponen un recorrido a pie de 4 km ida y vuelta. Almorzamos en el bar del restaurante y volvimos al auto. Tomamos la antigua ruta militar que hoy es turística. Angosta y sinuosa, a mi tío le encantó. Sobre el final nos desviamos para ver el Laugh Tai, o lago Guinness como le dicen como una gracia, a la vuelta filmaron parte del recorrido aún con sol.  
Volvimos a la ciudad. Dejamos el auto en la cochera, dejamos cosas en la habitación y fuimos a tomar un café a Grainger’s bar para que lo conozcan abierto. Alan los preparó, muy ricos, y calentitos, necesarios. Nos los invitó. Charlé con Alan e Ismael. Cuando nos estábamos yendo a buscar un lugar para cenar bajé a despedirme de Ismael y hablamos un poco del trabajo mientras comíamos una porción de tarta de limón cada uno.
Fuimos al bar The Celt, donde había ido con Stephanie, esta vez estaba muy lleno. Pasamos a verlo y nos fuimos. Cenamos en Flanagan’s, donde cené con Álvaro y Cecilia. Muy rico todo. Pedí una especie de parrillada que resultó ser un Full Irish breakfast con papas fritas. De ahí de vuelta a su barrio y a recorrer algunos bares. En The Temple Bar Beto probó el nuevo Whiskey de la casa, muy fuerte. Fue una noche fría, nos despedimos en el hotel. Volví caminando con Queen y me dormí a las 2.


Martes 26: Tío
Últimos minutos de sol en Stephen's Green
Arriba a las 7. Desayuné, agendé el teléfono de Antonio, cancelé el gas y preparé mi valija con cosas para mudar. Me llevé al departamento dos edredones y ropa de Vinícius. Del depto fui al hotel. Cuando estuvimos listos para desayunar nos enteramos que el bar cerraba a las 10. Tarde. Cruzamos el puente y desayunamos en un barcito lindo con sol del ventanal. Volvimos al hotel, ellos se llevaron todo e hicieron el check out. Dejaron las valijitas en el auto y fuimos a pasear. El día estaba loco. Despejaba, se nublaba, llovía, granizaba y se despejaba. Los cambios eran cada 10 minutos. Los llevé a recorrer Grafton Street y un poco del Stephen’s Green Park. Nos agarró granizo y nos refugiamos en el shopping. Se me hizo la hora de irme. El hombre de las cortinas iría al departamento a la una. Nos dimos un fuerte abrazo y nos volveremos a ver.
Simpático el hombre, pero hubo un error, no sé quién vino a medir la pared hace dos semanas, pero lo hizo mal y las cortinas nuevas son 2 pulgadas más anchas. Volvió a medir, colocó los ganchos y se fue. Me va a llamar cuando las tenga. Me quedé en el depto y vi Juego de Tronos y Diario de Vampiros, le mandé el mail a Igarashi confirmando los DVDs que le vamos a comprar desde Argentina. Volví a la casa. Me dormí una siesta larga y cociné mi cena. Quise usar la carne que me había sobrado de las milanesas pero estaba podrida. Imporvisé un colchón de papas cortadas en juliana con huevo revuelto y tomate con dos tostadas. Rico. Llegó Vinny. Trabajó todo el día y lo seguirá haciendo durante la semana. Cama, blog y Dragon Ball Super 40.

martes, 5 de abril de 2016

108-Dublín 06~07/mar - el gran reencuentro




Dublín 06,07/03 – de vuelta en Madrid

Domingo 06: Madrid
A las 12:30 llegó Vinícius, se había juntado con amigos y habían charlado un buen rato. Yo me estaba terminando un café negro, a veces me dan ganas. Tenía tiempo, y él estaba de ánimos para reflexionar sobre las charlas que tuvo. Nos sentamos a la mesa con un té cada uno. Él y yo estamos cambiando la forma de ver el mundo, lo analizamos y lo estudiamos. Siempre desde el comportamiento humano, el individualismo, las normas sociales, el funcionamiento del sistema y su influencia en las opciones entre las que optan los libres. Que no son tales, ya que estas opciones las genera el sistema y con ellas la ilusión de la libertad de acción, ya hondaré en un texto específico. La cosa es que estos amigos con los que estuvo charlando, según su concepción, están más avanzados que nosotros en este análisis, ven las cosas tanto más distintas que lo que muestra el sistema que él las consideró algo descabelladas. Una de las conclusiones es que hay que rodearse de gente más inteligente que un para progresar. Me gusta esa idea, lo que no me termina de convencer es esta forma de abordar el tema con escalafones. Ellos están más abiertos de mente que nosotros, y nosotros más que el común de la gente que sigue el sistema y sin darse cuenta que son ovejas de corral. No me gusta ver las cosas así, no me gusta ponerme a mí por encima de nadie ni poner a nadie encima de mí. Debo reconocer que lo he sentido así. Una cosa que me vino a la mente fue The Matrix y las tres situaciones posibles con la elección de las píldoras. En la película Morfeo le ofrece a Neo una elección: tomar la píldora roja para quedarse despierto, afrontar la realidad y reformular tus creencias, o tomar la azul y olvidarte de la verdad para seguir viviendo en el mundo sencillo de la fantasía controlado por otros. Las posibilidades son arriesgarse a tomar la roja, buscar el camino fácil y tomar la azul, o nunca haber conocido a Morfeo, y por ende vivir en la fantasía sin siquiera saber de la existencia de otra realidad.
Aquí otro tema para profundizar.

A las 2am Vinícius entró a ducharse y yo salí a la calle con la mochila cargada. El teléfono se está cargando muy lento, estaba a al 33% cuando llegué a la casa y 4 horas después apenas tenía el 50%, no sé que le andará pasando a la batería. Lo usé lo menos posible. Caminé de memoria para no usar los datos, pero cuando no estuve seguro lo encendí y me ubiqué, no estaba errado de camino, pero había elegido uno mucho más largo, volví sobre mis pasos y retomé el camino corto. A la hora me comí un burrito. Iba escuchando música, con la idea de llegar al aeropuerto y cargar el teléfono. Otra vez entré por la terminal 2 y caminé por dentro hasta la terminal 1. Nada que despachar, el boleto de embarque y el pasaporte en la mano, fui directamente a las puertas. Quise entrar al VIP pero estaba cerrado, esperé media hora a que abra mientras me comí el segundo burrito. Entré, cargué el teléfono, me tomé un café con leche y vi un capítulo de Dragon Ball Super. Iba a dormir una siesta, pero no tenía mucho tiempo.
Los escudos de AUA
El abordaje empezó 20 minutos tarde, cuando finalmente subimos el avión se demoró una hora, una hora que nos tuvieron sentados sin despegar esperando que aclare el clima en Francia. Dos horas de vuelo después aterrizamos en Barajas, el aeropuerto internacional de Madrid. Durante el vuelo le cambié el chip al teléfono, le puse el de Tuenti otra vez, el que usé cuando viví en España. Salí sin problemas y me estaba esperando mi tío, ya es una costumbre recibirnos en los aeropuertos. Nos tomamos un taxi a su departamento. Otra vez en la calle Almendro, qué lindo! Dejé mi equipaje en la pieza, me dio la llave de la puerta de calle y salimos a comer algo. El Tempranillo estaba cerrado, no lo podíamos creer. Fuimos a otro con buenos pinchos y nos dormimos una siesta. Antes usé una tijera de uñas para descocerle los escudos de Aikido Unión Argentina al keikogi que tenía guardado en el ropero, lo dejé los más liso posible para las clases. Como me enseñaron hace tiempo, donde vayas haz lo que vieras, hablando de ir a clases con distintos maestros. A Tomás Sánchez no le gustan los adornos en la ropa de práctica, el Aikido es una arte marcial puro y esa pureza se debe representar en la vestimenta. Hakama lisa con tu nombre y chaqueta blanca sin escudos.
A las 4 mi tío se fue a lo de Javi a ver el partido, yo me sumé a las 5:15, dormí un poco más, seguía pasado de rosca por el poco sueño de anoche (una hora entrecortada en el avión). Cenamos croquetas, excelentes. Volvimos a pasar por el tempranillo a ver si estaba abierto y no, seguía cerrado. Nos preguntamos si no trabajan los domingos, no puede ser. En el depto nos tiramos en el sillón a ver una peli. Vimos Trumbo, una biográfica de la vida de Dalton Trumbo, famoso guionista de Espartaco y tantos otros éxitos de la época. Buenísima, muestra como los trataban a los comunistas en Estados Unidos, lo cerrados de mente que eran, me recordó a Heredarás el viento, donde enjuician a un profesor de secundaria por enseñar la teoría de la evolución. Nos gustó tanto que no nos dormimos.
A las 10 salimos a buscar más comida. El Tempranillo estaba abierto y nos dijeron que los horarios son de 1 a 4 y de 6 a 12. Las dos veces que pasamos antes no cabían en ese cronograma. La pasamos muy bien charlando con el mesero amigo y comiendo excelentes platos españoles. Fuimos a tomar un helado al lado pero ya no vendían más, una tristeza. Fuimos a los chinos a comprar galletitas dulces, chocolate y rollo de cocina. Mi tío no llegó a probar nada que se durmió, yo sí, me comí un pedazo de chocolate con un café de máquina. Organicé mi ropa en el mueble, encontré mi tarjeta de metrobus y la puse en la billetera, ordené un poco y a dormir. Me siento muy bien, no estoy en casa, pero viví en este departamento, en este barrio y caminé por las calles de la vieja Madrid por cuatro meses. Es como estar en casa. Los colores, la calidad del aire seco, los olores de las calles, los restaurantes, los centros comerciales y los de la casa. Todo me recuerda a mi vida aquí. Cuando caminamos tanto una ciudad la hacemos propia, aunque me siga perdiendo.


Lunes 07: Reencuentro
Arriba solito a las 8:30, como me lo esperaba. Mientras preparé la mochila para Aikido y dejé todo listo para que Beto duerma en la cama esta noche, porque estoy de invitado me toca el colchón inflable, que está buenísimo igual, me tomé un café con galletitas. En la alacena había una caja enorme de cereales que estaban próximos a vencer, salí a comprar leche, de paso a recargar la tarjeta metrobus y a comprar crédito para el teléfono. Ambos actos fallidos. La tarjeta solo se puede cargar con abonos mensuales, la otra opción era comprar un boleto de 10 viajes que seguía siendo más caro que pagar cada vez. Ya que solo viajaría 4 veces. Me bajé la aplicación de Tuenti otra vez y resulta que tenía 12 euros de crédito, no los había comprado y no podía ser posible que sigan en la cuenta después de 8 meses de no usar la tarjeta sim, además no recuerdo que me sobrara tanto. Bueno, sea como sea estaba hecho, le cargué el abono más barato posible, 7 euros, 1gb de datos con 4G. Excelente, es ingastable eso para los 4 días que voy a estar acá. Volví al depto y nos estábamos alistando. Quise usar una de las laptops para escribir, así no me desactualizaba tanto como la última vez, pero dos no se podían usar y la otra tenía contraseña, que ni mi tío ni mi primo se acordaban.
Nos fuimos, agarramos su auto, que ahora logró estacionarlo en la cochera en frente del depto, pasamos por la Editorial Frida, donde editaron el libro del abuelo y nos llevamos tres copias al aeropuerto. En el camino me contó con más detalle el asunto. No se lo editaron como el que hizo en La Plata, que mi tío pagó por todo y mi abuelo regaló los libros a sus amigos. Acá le mostraron los escritos de mi abuelo a la editorial y al jefe le gustó, editó el libro, imprimió 500 ejemplares y los puso a la venta en La Casa del Libro y en los centros comerciales de Madrid, le gustó de verdad.
En Barajas estuvimos con mi tío un buen rato esperando que salgan mi hermana y mi abuelo. Estaban con la silla de ruedas, así que sabíamos que iban a salir últimos, pero no una hora y media después del aterrizaje. Parece que estaban cortos de personal y los demoraron mucho. Salieron últimos. En la espera no sabíamos qué pasaba. Fuimos a informes y no nos podían dar información de pasajeros, pensé en ir a la policía a preguntar si los habían demorado, pero justo antes de ir mi tío habló con una señora en silla de ruedas que había compartido espera con el abuelo. Salieron, casi solos caminaron alrededor del pasillo, atrás los seguía un muchacho con las valijotas. Qué alegría volver a verlos. Ornella estaba mucho más flaca, pero no tanto como se ve en sus fotos por suerte. Nos dimos un abrazo muy fuerte, y otro con el abuelo, que fue más difícil por la silla. Caminamos hasta el auto, en el camino le dimos el libro y se puso a estudiarlo. La primera reacción fue muy agradecida. Pero pronto se puso a lo suyo y encontró dos cosas que hubiera hecho distinto. El tío nos dejó cerca de La Puerta del Sol y volvió al depto a dejar el auto, nos encontraríamos en El Lizarrán, un restaurante de pinchos. Vacié mi mochila que estaba llena de cosas para mandar a Argentina en la valija del abuelo. Salimos los tres con la súper silla de ruedas que cordialmente le dejé llevar a Ornella. El tío se nos sumó y comimos muchos pinchos. Se demoró porque Beto había vuelto de un día de gira y tenía noticias. Durante la cena el tío organizó las tarjetas sim y le dio un número al abuelo y otro a Ornella.
Lo dejamos al abuelo en el hotel y salimos a pasear los tres. Entramos en La Veneciana, un bar antiquísimo con olor a madera, ahí nos alcanzó Ismael, que también volvió hoy de la gira pero no estaba tan cansado. Nos llevó al Bar Las Bravas, donde se supone se hizo la receta de la salsa brava por primera vez. Estaba muy rica ciertamente. Seguimos dando vueltas hasta encontrarnos con Joaquín un amigo gran conocedor de bares, en la Plaza Santa Ana, una que recorrí mucho cuando trabajaba con los routers. Nos metimos en uno de los bares recurrentes de este grupo en busca de mojitos, no les quedaba hierba buena, se tomaron una caipiriña. Nos encontramos con más gente conocida. Nosotros tres nos fuimos temprano y los dejamos al resto en el bar. Nos despedimos de Ornella en el hotel, quedé con ella que a las 9:00 desayunábamos y caminamos el tío y yo al depto. Ese recorrido que antes parecía medio largo ahora es corto comparado con la caminata al trabajo en Dublín. Beto estaba despierto, charlamos un poquito, comimos algunos Havanna, que me trajo Ornella de parte de mi papá junto con un tarro de dulce de leche, y a dormir.

lunes, 18 de enero de 2016

079-Dublín 27/dic - domingo - el Tío Padrino



Dublín 27/12 – domingo – guía turístico

Parque Phoenix
Me quedé dormido y llegué al hotel a las 9:30. Desayunamos en el bar y charlamos hasta casi las 11. Caminamos por la ribera del Liffey hasta la entrada al parque Phoenix. La idea era ir a ver los ciervos, pero cuando yo los había visto era de mañana en un día de semana, esta vez era el mediodía de un domingo, había mucha más gente y seguro estaban escondidos, además el parque es gigante. Hicimos una pausa corta en un banquito, eso fue algo gracioso, estaban todos mojados, buscamos los que les pegaba el sol, pero ni esos zafaban, terminamos sentándonos en el respaldo con los pies en el banco. Ya resignados a ver los animales apuntamos al segundo punto del itinerario, un bar que recomendó Maeve por su excesiva decoración navideña, The Hole in the Wall.
El interior de este bar es de no creer. Tiene cuatro salones, los primeros tres son bar y cada uno tiene una temática navideña diferente, con decoraciones fantásticas en paredes, techo y barra. El último salón es más sobrio y es restaurante con reserva. Nos sentamos a la barra del segundo salón y pedimos una sopa de entrada y pollo y salmón de plato principal. Para cuando terminamos la sopa estábamos llenos, nos costó terminar la comida, pero nada es imposible. Salimos redondos, pero la terminamos.
The Hole in the Wall por fuera

Ya estuvo bueno de tanta caminata, nos tomamos un taxi hasta la entrada del jardín botánico. No lo recorrimos completo, el clima estaba bien, pero no era el ideal, estaba nublado y fresco sin lluvia. La primera parte es un jardín de flores que estaban en su mayoría cortadas por el invierno. Geoff, mi jefe cuando era jardinero en Londres, me contó de las estrategias de poda de flores según la temporada. Rápidamente empezamos a ver árboles, un río angosto y varios invernaderos. Entramos a uno que tenía una exposición de la planta favorita de mi tío, el cactus. Encontramos el suyo, el que tiene en el campo en Abasto. Dentro del mismo complejo, detrás de una puerta doble para mantener el ambiente, habían recreado una selva, montones de plantas de clima húmedo, dentro de esa habitación el aire era pesado, denso y caliente. Mi tío me dijo que se parece a las selvas de Costa Rica, yo agregué que con las pasarelas de metal parecía Jurasic Park. Salimos de vuelta al fresco con la misión de encontrar un baño lo más rápido posible, fuimos al lado de la puerta principal.
The HOle in the Wall por dentro
En el plan, conjunto con el botánico, estaba la visita al bar Gravediggers. En realidad se llama J.J. Kavanaghs, es una cadena de bares hoy en día, pero hace tiempo este era el único, o el más representativo, y lo frecuentaban casi exclusivamente enterradores, ya que el bar está a la salida del parque cementerio. Luego de conseguir su fama adoptó el seudónimo Gravediggers (enterradores). Es un bar doble, el número 1 es el original, la estructura interna es muy extraña, difiere mucho de otros bares. Enteramente hecho en madera con mesas y bancos separados en cubículos con puertas no demasiado altos; el número 2 es un bar restaurante moderno familiar, como los que uno se puede encontrar en cualquier ciudad moderna de Europa. Pensamos en quedarnos a tomar algo, pero seguíamos llenos y a mi tío le dolía un poco la cabeza para estar sentado entre tanto ruido.

Salimos a buscar un taxi para el último recorrido del día. No lo encontramos en seguida, caminamos un rato y le sacamos la mano al menos a seis, finalmente uno paró y le pedimos que nos lleve a Connolly Station. La estación de trenes y tranvías que está justo frente al bar donde trabajo y donde nace Talbot Street. Mi tío me sacó una foto debajo del letrero y caminamos hasta el Spire. Pasamos por la calle peatonal que estaba linda como siempre.
Llegando al gran monumento y a la estatua de James Joyce empezaron a aflorar las tiendas Carrolls, una cadena de tiendas de suvenires que son un espectáculo en sí mismas. Entramos para escuchar la música irlandesa y ver verde por todos lados, el paraíso del turista. En mi opinión es la mejor que he visto hasta ahora de entre los demás países de Europa en los que compré estas cosas.
Le mostré el Spire pero no estaba encendido aún, cuando de repente se hizo la hora y el haz de luz azul encerró a la aguja gigante y se proyectó en el cielo.
Pasado el momento empezamos a caminar la calle Henry, la peatonal con el mercado callejero y montones de mega tiendas de marca. Se hizo la hora del té, buscamos un bar, para lo cual había que terminar la calle porque en ella no hay locales de comida. Entramos al bar que está justo en la esquina donde termina la peatonal, simpático, había un músico en un rincón que no tocaba nada mal. Nos pedimos dos tés, una mouse de chocolate y Guinness y una cheescake. Todo muy rico.
Henry Street, peatonal

Hasta ese momento había sido ya un día largo, pero no dimos el brazo a torcer. Caminamos por una calle menos agraciada que las anteriores hasta las grandes paredes del almacén del whiskey Jameson. Un empleado estaba cerrando la puerta, pero nos dejó pasar de todas formas. Atravesamos el edificio de la misma manera que yo lo había hecho cuando fui a ver Star Wars 7. Esta vez los bares enfrentados estaban cerrados pero la belleza de la estructura seguía ahí y fue bien apreciada. Llegamos a la siguiente calle y teníamos de frente al imponente complejo LightHouse. Algunas fotos y nos encaminamos a la izquierda, cruzamos el puente y fuimos al último punto prometido de la lista, The Brazen Head bar. Entramos a verlo un poco y a cenar. Le mostré todos los salones y nos ubicamos en la mesa redonda central del salón comedor del segundo piso. Esta vez no pedimos sopa. Cenamos dos estofados irlandeses, lo preparan diferente que nosotros, es más líquido y lo sirven con puré de papa sin pan, le pedimos pan al mozo. Seguimos charlando de de todo. Me contó más del viaje a Costa Rica, me mostró fotos, me contó de los planes de Pedro y el muy jodido ahí ya me cebó. Ahora sueño con un viaje por América, me sumaré a Pedro donde esté? Lo haré de mochilero? Trabajaré unos meses en un país y me moveré otros meses sin trabajar? Cuándo lo haré?
Otra cosa que me inspiró fue irme a Oceanía a trabajar en temporada de cosecha. Otra idea que me gusta. Son muchos los planes, tendré que elegir con cuidado, o no.

No pedimos postre, caminamos directo al hotel y nos despedimos en la recepción, en 7 horas se despierta para tomarse el taxi al aeropuerto y mañana al mediodía tiene una reunión de trabajo en Madrid. Por lo que me dijo le gustó tanto la ciudad y el tour que le armé que está considerando volver con su gran amigo en febrero. A ver qué pasa.

De vuelta en la casa comenté con Vinny un resumen del día, vi Vampire Diaries y me acosté.

domingo, 17 de enero de 2016

078-Dublín 25~26/dic - la serie me atrapa!


Dublín 25,26/12 – Navidad y el tío

Navidad! Llegó el 25 de diciembre. Al menos para mí fue un balance entre el ermitaño que no puede dejar de ver la maldita serie y compartir comidas con amigos. Desayuno con Vinny, 3 capítulos, almuerzo los tres juntos. Acá estuvo bueno, dos horas de charlar y comer rico, una lasaña de carne exquisita preparada por mi compañero de cuarto y de postre más de lo de anoche, sólo que esta vez le agregamos las nueces que había pelado Tomo y que yo había cubierto de chocolate y mi Ferrero Roger gigante. Qué rico, qué rico. Casi inmediatamente después de terminar de comer me clavé en la pieza y miré al menos 6 capítulos, en el medio me hice unas tostadas con Nutella.
Yo y mi súper Ferrero Roger
Antes de cenar, mi tío me confirmó que viene el domingo, le avisé a Gary y este me respondió que el sábado se va a Kilkenny, así que no nos veremos este finde.
A las 10 de la noche fui a la cocina y me lo encontré a Tomo, nos dijimos ‘tengo hambre’, manos a la obra. Vinny ya había comido, puse la sopa en una cacerola a hervir y le metimos 8 brócolis congelados de Tomo, mientras esperábamos le entramos a más de las papas fritas al microondas, cuando estuvo tomamos la sopa con pan negro. Todavía había hambre, así que recalentamos los pedacitos de lasaña que sobraron del mediodía. De postre seguimos con lo mismo, yo liquidé las nueces, sobró un poco de natillas, algunos arándanos azucarados y algunas frutas.
De vuelta en la cueva y a Vampire Diaries. Era viernes a la noche, sábado y domingo sin trabajar, nada me impedía desvelarme. Vi la serie hasta las 3am.

En el día después de Navidad estreché aún más mi relación con el disco rígido externo, donde tengo todos los capítulos de la serie, parece que estoy poseído por estos malditos vampiros y sus dramas y tramas sobrenaturales. Mi tío me dijo que nos veíamos directamente mañana, porque esta noche llega tarde, yo le dije que hacía dos días que no salía de la cama y que lo iba a buscar. Como me estaba achanchando decidí caminar hasta el aeropuerto. Después de 8 o 10 capítulos (y ya casi terminando la temporada 2), salí de la casa a las 9:30. El gps calculó 1 hora y 45 minutos, pero yo me desvié un poco y paré a comprar galles, me dio hambre, y terminé tardando poco más de dos horas. Llegué con tiempo de sobra, me conecté al Wi-fi del aeropuerto y mi tío me advirtió por WhatsApp que tenía hambre, si tendrá suerte el turro, que el único local de comida abierto a esa hora tenía sánguches en baguettes y le quedaba el último de salmón ahumado.

Llegó el tío! Abrazos en el aeropuerto. Esperando el micro que nos llevaría a Trinity College hablamos de mi trabajo, de su viaje a Costa Rica con Pedro y Fermín, de su próximo trabajo en Argentina empezando en una semana, en el micro hablamos un poco de mis planes cambiantes y de lo bueno que estuvo el sánguche.
Con el tío y su sánguche
Para variar, tenía mal marcada la dirección del gps y terminamos en la calle correcta pero en cualquier altura. Un error, como suele pasarme, con suerte, metiéndonos en callejones antiguos con calles de piedra, que al tío le encantan, nos topamos con el emblemático Temple Bar. El guardia de seguridad acababa de negarle la entrada a una parejita no sé bien por qué, pero a nosotros nos dejó pasar, a pesar de tener ambos mochilas. En la entrada hay una escultura de James Joyce, parece que es el héroe de literatura local, también tiene una escultura de bronce al lado del Spire. Este bar es similar The Brazen Head, el que clama ser el más antiguo de Irlanda. Múltiples salones, cada uno decorado de una manera distinta y muy pintoresca. En uno de ellos había una banda que se le notaban las pintas que se habían tomado tocando The Beatles. En una de las barras le pedimos al barman que nos saque una foto y nos mandó detrás de la barra, muy buena onda. La primera impresión de mi tío quedó genial, y mejoró cuando probó la Guinness.
Después de deambular un rato llegamos a su hotel, justo al lado de Trinity bar. Nos despedimos hasta mañana a las 9:00, ya hay un plan para el domingo.