Vivir no es sólo existir

Hola todos, gracias por leerme y así acompañarme en este viaje. Cuando me fui por primera vez lo pensé como un 'voy y vuelvo'. Algo finito, aunque largo. Hoy veo que estoy viviendo esto y después estaré viviendo otra cosa. Viajo para conocer lugares, costumbres, horarios, comidas, ritmos, gente, calles, Dojos, maestros, compañeros, trenes, redes de metros, culturas.
Hoy el objetivo del viaje, si bien tengo un plan sobre el que improviso, es viajar. Si es posible trabajar en distintas ciudades para, 1) financiar el viaje y 2) entrar bien en el ritmo local, no ser sólo un turista más.
Este texto lo voy a expandir en la entrada 'Inicios y Motivaciones'
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martes, 19 de abril de 2016

117-Dublín 28~29/mar - despertar en el bosque



Dublín 28,29/03 – la gente que con la que nos cruzamos

Lunes 28: frío

Volviendo de Howth
Serían la 1:30, o tal vez las 3. No importaba, hacía poco estaba en la bolsa de dormir y afuera aún estaba oscuro. El poderoso frío húmedo de la península irlandesa nos estaba enseñando a acampar. Los temblores aumentaron de intensidad y no se detenían. Intenté cambiarme el orden de las medias, tal vez era eso, pero no. Cerré los ojos rendido a la falta de opciones prácticas y acudí a una más interna. Respiré hondo, relajé mi cuerpo y dejé temblar. El efecto duró poco, ya que al empezar a dormirme el frío volvió a invadirme y los temblores con él. Se puede decir que no pasmos una buena noche de sueño. Me desperté muchas veces, en ocasiones aún recordaba el sueño, lo que me pareció raro, no bebería haber llegado a soñar nada con el poco tiempo que tuve para dormir, pero lo hice. Debe haber surgido de un fuerte deseo, el hambre y el frío. Soñé que era de día, desarmábamos todo y nos íbamos al tren que estaba calentito. Lo soñé al menos dos veces. Finalmente se hizo de día. Salí a hacer pis y a estirar las piernas para enterarme que no estaban dispuestas a moverse. Hacía menos frío, pro mis pies seguían congelados. Me senté en la carpa con la puerta abierta y puse a calentar agua para el porridge. Le tomó un buen rato. Temblando abrí el paquete de galletitas y me comí una, después otra, fue sólo después de la cuarta que volví en mí. Me faltaba energía, comí unas cuantas más y tomé agua mientras esperaba con ansias el desayuno. Vinny se volvió antes de que sirviera los potes. Le indiqué cómo volver y lo hizo solo. VInícius y yo desayunamos, levantamos el campamento y empezamos a caminar llenos de energía. Parecía que la noche hubiera estado hermosa. La vuelta fue mágica. Primero nos encaminamos en sentido contrario a lo que le había dicho a Vinny una hora atrás. Habrá llegado?, pensé. Ahora ya no hay nada que hacerle. Salimos del bosque derecho al norte, igual que la última vez. Lo primero fue una meseta rocosa con vista a la isla. De ahí bajamos por un túnel de arbustos muy bajito que nos condujo a un túnel mucho más grande de árboles. Lo seguimos hasta una construcción abandonada cubierta por vegetación. La bajamos, es muy empinada, y llegamos a un llano frente al club de golf. Sin pausa fuimos a la estación y, sentados en los asientos calentitos del tren, nos dormimos una siesta.

Ya en Dublín vimos como se preparaban para el último día de los festejos. Varios escenarios y algunos puestos de comida. Hoy lunes es feriado bancario. Desayunamos un Full Irish Breakfast en un restaurante muy bonito de comida local, nombre francés y encargadas coreanas. Listo, chau, nos fuimos a casa. Basta de dar vueltas, es hora de dormir la siesta, una bien larga.
Segundo desayuno
Llegamos, Vinny estaba durmiendo ya. Parece que llegó sin problemas. Vinícius fue a dormir directamente y yo puse a calendar el agua para la ducha. En el proceso lavé la ropa y charlé con Nana. Me duché, colgué la ropa y reacomodé la vajilla en la cocina, ya no lo soportaba más. Nana había quedado con Vinny en ir al centro a ver el desfile, no había desfile le dije, pero sí festejos. Mis zapatillas estaban mojadas, recién lavadas. Debería haberme quedado durmiendo tal vez, pero me sentía con ganas de seguir. Me puse las botas que me había comprado en Rusia, las que me maltrataron los dedos gordos y salimos los tres rumbo al centro. En el cruce O’Connell y Parnel estaba el escenario principal, escuchamos algunos temas y seguimos hasta la zona de los puestos de comida. Nana y yo almorzamos un pancho gigante cada uno. En un momento Vinny se detuvo a habar con una chica. Nos la presentó, Margaret o Maggie, la conoció en uno de sus encuentros de conversación. Estaba sola, así que se nos sumó. Nos quedamos un ratito escuchando folclore irlandés en un escenario chico frente a la oficina de correos. Después nos movimos al parque de Stephen Green pasando por la calle Grafton. Mucha gente en todos lados, un día hermoso además. En el parque había bandas y puestos de actividades gratuitas, entre ellos pastelería para probar, tango, gaita, diarios antiguos y más. En la caminata nos fuimos rotando, nunca fuimos los 4 en banda. En un momento quedamos Maggie y yo, ella camina muy rápido, los perdimos a Vinny y Nana.

Las cmoidas de los festejos
Los buscamos un rato hasta que nos cansamos y decidimos volver. Ellos tienen llave, ya nos encontraremos en la casa. Me pareció raro que ella estuviera yendo en la misma dirección que yo. Ya dije que caminaba rápido. Doblaba en mis mismas calles. Cuando llegamos a la parada del micro frente al Testo de la esquina de casa me dijo que ahí se lo tomaba para ir a casa. La invité a tomar un té, ya que estábamos. Compré leche y galletitas y entramos. Estaba Antonio en la sala, los chicos no habían vuelto y Vinícius seguía durmiendo. Nos tomamos el té con las galles y fuimos a mi pieza a  aprovechar el rato antes que vuelvan Vinny y Nana. En ese momento no estaba seguro qué pasaba. La flaca me acompañó todo el camino, me dio la sensación que ir a mi casa fue su idea, aunque yo lo dije, y estábamos sentados en mi cama y ella quería y no quería a la vez, saliendo con conversaciones casuales a cada rato. Acá acoto lo complicado que era a veces. Primero pensé que era polaca, por la cara y lo poco que le entendía. Después de un rato me enteré que en realidad es local, de Dublín, tiene un acento muy marcado, habla bajito y mirando al suelo, con mi altura se me complicaba entenderla, además el acento no ayudaba. Llegaron los chicos y volvimos a tomar té con galles todos juntos. Se empezó a hacer tarde y ella no se iba. Le preguntamos y dijo que nos fijemos en el cronograma de los micros, le quedaban 2 espaciados en una hora antes del último del día. Se seguía quedando y la invitamos a comer. Se comió un plato completo de los vegetales de Nana y otro de mi estofado. Vinícius había bajado ya y pronto volvió a dormir. Nana hizo lo mismo y yo acompañé a Maggie a la parada. Empecé a sospechar de ella, pero no sabía qué pensar. Esperando el micro me preguntó un par de veces si se podía quedar en la casa de todas formas porque hacía frío y no quería viajar hasta la suya. Le di algunas respuestas evasivas hasta que llegó el micro. Se subió, la vi pasar hacia atrás y me fui. A los 30 segundos la escucho que me llama. Se había bajado. Me volvió pedir quedarse con la excusa de que su tarjeta no funcionaba. Bueno, que se quede. Volvimos a la casa, la dejé en el living y le preparé la cama que iba a ser de Patricia. Nos acostamos los tres mientras esperábamos que se caliente el agua para la ducha. Ella usa mucho maquillaje, no me gusta eso. Se le nota demasiado. Tenía la ilusión de verle su cara real después de que se duche, pero no fue así. No sé si es a prueba de agua o si se llevó el kit completo al baño, pero salió igual que antes de entrar. Mientras se duchaba charlé un ratito con Antonio y Vinny, el primero estaba preparando la cena. Le sugerí a Vinny que se quede un buen rato ahí comiendo y que no vaya a la habitación. Accedió con risas cómplices y yo volví a mi cama a esperarla. Cuando llegó se acomodó y antes de que se tape me metí en su cama. La volví a besar pero esta vez no hubo amagues o desvíos con conversaciones casuales. Nos empezamos a excitar. Todo venía bien hasta que no. Hay algo en ella que no me cierra. No me gusta, me da mala espina, me genera desconfianza, me está ocultando algo, sus intenciones no son lo que parecen. No sé, no lo sentí bien. Le dije buenas noches y volví a mi cama, previo ir al baño y decirle a Vinny que ya podía volver. En el momento que desistí de todo eso mi cuerpo se acordó el esfuerzo que había hecho desde ayer en Howth y de la falta de sueño. Me dormí casi al instante.

Martes 29: cocinando
Me desperté tarde y tuve que salir rápido. Maggie seguía en la cama. Se despertó, le mostré donde estaban mis cosas para desayunar y me fui. Quedamos en que a las 7:30 u 8 le escribía.
Llegué al bar y empezamos la semana. Con las existencias agotadas hoy nos tocó cocinar casi todo. Pocos clientes, pero las hornallas y el horno no pararon de trabajar. Gary se fue temprano y me quedé a cerrar. Salí tarde, a las 8:15 le escribí y la llamé a Maggie pero no me atendió. En el grupo de los chicos de la casa Vinny comentó que le costó hacer que Maggie se vaya. Se quedaba y seguía inventando excusas para no irse. Al final tuvo que salir antes de almorzar para que ella también salga. Después Vinícius la vio en el centro y luego fue a casa a las 7:30 buscándome a mí o a Vinny. Le costó hacer que se vaya otra vez. A las 8 volvió y no la atendieron. Cuando estaba volviendo a la casa me la encontré en la parada del micro. Le dije que estaba cansado y que nos veamos otro día. No insistió, me pareció raro, pero lo acepté, no sea cosa que no me la pueda despegar. En la casa me duché, charlamos un poco y a dormir.

lunes, 18 de abril de 2016

116-Dublín 26~27/mar - carpa, bosque y frío



Dublín 26,27/03 – acampando en Howth

Sábado 26: distraído

Promesa de día agitado. Más o menos lo fue. Trabajé desde la mañana, el lavavajillas quedó de adorno porque no estábamos seguros si funcionaba o no, y Phil, quien nos daría el viso bueno, estaba muy ocupado. En el almuerzo bajé muchas veces al sótano a buscar cosas porque me las seguía olvidando. Quemé un par de sánguches en la salamandra, unos huevos y algunas tostadas. No fue tan grave, las predicciones de un día complicado no fueron tales. Me quedé hasta el final. Estoy haciendo la mayor cantidad de horas posibles.
Bran me respondió al pedido de una bolsa de dormir casi a último momento, yo ya tenía la mía. Pero la fui a buscar hasta el reloj de Heineken para que la use Vinny. Para eso dejé la cocina cerrada y semi-limpia unos minutos. Volví con la bolsa, terminé de limpiar y volví a casa escuchando música. Cuando entré a la pieza vi mi bolsa en el suelo, pensé en el campamento, pensé en los tres durmiendo en la carpa y pensé en la bolsa de dormir que me olvidé en el bar. Qué momento. Acababa de llegar y tenía que volver a hacer el mismo camino otra vez. Si no la recogía en ese momento ya no iba a ser posible después. Vinny terminó de cenar y me acompañó. Nos cagamos de frío y el viento nos volaba. Finalmente en la casa calentitos y con la bolsa me duché y a dormir.

Domingo 27: ceremonia
Los aventureros
Otro gran día. Primero a las 9:30 llegó Tomo a visitarnos. Con él y Vinícius fuimos al evento por el levantamiento en armas de pascuas, cuando hace 100 el pueblo irlandés inició la revolución para independizarse del imperio británico. Cargué la mochila con agua y tres sánguches de bife trozado, como los que hacemos en el bar. Me gustó. Estos actos me generan empatía. No suelo asistir, pero cuando lo hago me estremece un poco. Después vuelvo a casa y vuelo a  pensar en el trasfondo filosófico y la incoherencia del asunto en general y se me pasa. Estaban todas las personalidades políticas, un desfile militar de todos los cuerpos, héroes de guerra y ni una palabra sobre Jesús o el catolicismo, la iglesia o ninguna religión. Ellos tienen algo más importante para recordar. Esto me mostró las prioridades de la gente. La religión no está en la cima.
El camino violeta
Caminando a la casa, ya en Philsboro, nuestro barrio, vimos otro desfile militar organizado por los vecinos. En la casa nos preparamos para el campamento, lo sacamos a Vinny de la cueva y Tomo nos sacó la foto del inicio de la aventura en la puerta de la casa. Salimos los tres con tres bolsas de dormir, una carpa, ropa y comida.
La cena
Las calles seguían cortadas. Fue increíble ver cómo, a pesar de ser una ciudad capital, cerraron las calles principales desde el jueves. Fuimos hasta la parada del micro, pero no había señales de que llegue uno pronto. Fuimos a Connolly Station y nos tomaos el tren a Howth. Estábamos algo cansados, los chicos un poco más que yo. Queríamos llegar al bosque que tanto nos había gustado la última vez con Vinícius. Había tres formas de llegar: ir directamente por el camino del castillo; hacer el camino común, tomar la senda roja y volver a doblar a la izquierda en la flecha que indica la derecha casi al final; o hacer el camino púrpura (el más largo), porque sabemos que este se cruza con el bosque. La opción 3 era la única que no habíamos hecho aún. La elegimos, medio que la elegí yo y accedieron. Fue increíble. Las vistas de ese sendero son fantásticas. Bosque, acantilados, cornisa, playa, cuevas, zona residencial escondida, casas abandonadas, túneles de árboles, mar. Hermoso. El cansancio se acumulaba, no estábamos llegando a ningún lado, el camino seguía y seguía. Nos detuvimos a ver el mapa en el gps. Aún estábamos muy lejos del bosque. Hicimos una parada para descansar y yo troté hasta un bosque chico que acabábamos de pasar. Volví con el reporte, estaba bien para acampar. Pero el consenso general era seguir el camino hasta el nuestro por miedo a que sea propiedad privada. Avanzamos siguiendo las flechas hasta que dijimos basta y recurrimos al método más directo y, a mi parecer, el más divertido. Nos paramos en la playa, con la brújula apuntamos al bosque y caminamos en línea recta. Podríamos haber bordeado la colina, pero eso no es línea recta, ¿verdad? Claro que no. Subirla nos costó bastante, se nos agotaba el aire y la energía, cada meseta parecía ser la cima pero no, ni siquiera era la mitad del ascenso. Tampoco fue tan grave, nos tomó 15 minutos subirla. Lo que nos daba ánimos era detenernos a cada ratito y admirar como mejoraba la vista a cada paso al voltearnos. Desde la cima vimos el campo de golf y detrás de este nuestro hotel (el bosque). Después de tres horas y media caminando llegamos, buscamos el mejor lugar para armar la carpa, yo me puse a eso, Vinícius se puso con el fuego y Vinny ayudó alternativamente en ambas tareas. Hacía tanto frío que me costaba desatar los nudos de los tirantes de la carpa nueva, había perdido movilidad. Metí todo dentro, extendí las bolsas de dormir, acomodé las mochilas, y saqué la hornalla y la comida. El fuego estaba lindo, acogedor y hambriento. Lo tuvimos que alimentar mucho, por suerte teníamos un bosque entero, aunque muchas ramas estaban mojadas. Asamos malvaviscos clavados en ramitas y hervimos agua en la cacerola. La cena fueron fideos instantáneos Knor, estaban muy ricos. Después le entramos a las mandarinas. Cada paso que nos alejábamos del fuego la naturaleza nos recordaba el terrible frío que hacía afuera. Impresionante. En ese momento los tres teníamos puestos dos pantalones, remera, buzo y campera, pero el frío seguía ahí. 
Asando malvavicos
Se hizo tarde y nos fuimos a dormir, apagamos el fuego con pis, agua y pisándolo, algunas brazas quedaron, se las encomendamos al rocío y a la baja temperatura del bosque húmedo. Vinny, que ya estaba en la carpa, me había robado el lugar, Vinícius se quedó en el suyo y a mí me tocó el medio. Me metí en la bolsa sin la campera. A la media hora me la volví a poner. A la hora estaba temblando y me puse un segundo par de medias. Mi cuerpo estaba bien soportando la temperatura, tenía exceso de abrigo y el mosquitero incorporado de la bolsa me filtraba el aire generando un microclima calentito alrededor de mi cabeza, pero mis pies no, por alguna razón seguían helados. Los sentí como hielo, tan frío que me recorrió todo el cuerpo otra vez y empecé a temblar. Ya no había más opciones, no podía abrigarme más, comprobé no tener los pies o medias mojadas, no, era solo mucho frío.

viernes, 8 de abril de 2016

111-Dublín 13~14/mar - conocindo Dublín y alrededores



Dublín 13, 14/03 – nos vamos de paseo

Domingo 13: Acantilados

Qué lindo día tuvimos hoy! Nuevamente a Howth, mi tercera visita.
Yo desayuné como siempre y preparé el mate y unos sánguches para el viaje. Los chicos no nos acompañaron, así que salí con Ornella a las 11:15 de la casa. Fuimos a la parada del micro de la calle Abbey, donde nos lo habíamos tomado para ir a Skerries. 3,30 nos salió cada boleto, aumentó. El viaje duró una hora, mucho tránsito. En la hilera de asientos delante de nosotros había tres chicas españolas que hablaban alternando entre español e inglés indistintamente, incluso en la misma oración, curioso.
Los pies colgando
En la cima
Primera parada, Howth Market, a comprar dulces, segunda parada el baño público y empezamos el asenso. Esta vez estaba incluso más seco el camino, el cielo despejado y con sol. Vimos a los saltarines, no había tantos como otras veces. Cuando tuvimos la opción elegimos subir a la cima, un grupo de franceses estaba sentado en las rocas, nos hicieron de fotógrafos. Volvimos al camino y almorzamos sentados en las piedras con los pies colgando. Vimos ir y venir algunos barcos y seguimos avanzando. Llegando al faro apareció un desvío que daba a una escalera muy empinada, una pareja la estaba bajando. Esa debe ser la playa a la que se refería Vinny, pensé. Anoche nos contó de ella porque el lunes estuvo ahí con un amigo. La dejamos para más tarde y fuimos hasta la puerta de la casa que impide el paso al faro. Le quería hacer sentir el viento a Ornella, ese viento tan fuerte que sentí la primera visita, pero no se dio el caso. De todas formas la vista fue espectacular, un poco de niebla a lo lejos escondiendo el puerto, muy lindo. Más fotos y vimos montones de turistas y locales tirados en el pasto. Esta semana va a haber más que lo normal porque se viene San Patricio. Volvimos al desvío y bajamos. La filmé, nos tomó cuatro minutos llegar al agua, estuvo buenísimo. Una playa de canto rodado, me descalcé y me fui a explorar a las rocas mientras Ornella caminó por la playa. Desde donde estaba se podía ver la cueva de las gaviotas. Así la llamé yo porque parece una cueva en los acantilados y está llena de gaviotas. Sentí que me llamaba, tenía que ir, pero no lo hice, volví a la playita con mi hermana. La recorrimos completa, no es grande, apenas unos 70 metros. Tremendas fotos nos sacamos. 
Acantilados y niebla
Llegó el momento de subir, desde la base la escalera parecía eterna. Finalmente no fue tan intenso. Cruzamos el monte y entramos en el pueblo. Nos metimos en el bar a pedir agua caliente pero estaba lleno de gente, no quise molestar y nos fuimos al mini súper. Como lo esperaba, las dos chicas que lo atienden estaban esperando clientes sin nada que hacer. Nos llenaron el termo y les compramos un paquete de gomitas azucaradas. Seguimos las flechas rojas al pie de la letra, el día se acababa, el cielo oscurecía y llegamos al cruce donde la última vez con Vinícius nos desviamos, nosotros le hicimos caso a la flecha roja. Nos llevó al pueblo otra vez pero no había más flechas, doblamos a la derecha y al ratito vimos una nueva flecha que entraba otra vez  a la derecha. El camino era muy similar al que acabábamos de terminar. A los 50 metros me convencí de que ya habíamos estado ahí, volvimos y seguimos hacia donde sería la izquierda. Activé el gps y nos guié hasta el puerto. En el camino nos tomamos el mate con unas galles de coco muy ricas. Cuando llegamos queríamos ir al baño público otra vez, pero había cerrado a las 5. Un restaurante nos dejó usar los suyos. Sin nada más que hacer en la noche nos quedamos en la parada esperando el micro. Esta vez sin tránsito llegó al centro de Dublín en media hora. Caminamos hasta la Tolteca, un restaurante mejicano que funciona como un Subway, elegís el tipo de masa y los rellenos en el momento, yo me pedí un burrito y Ornella un tres tacos. Rica comida, lo elegimos porque me lo habían recomendado por tener comida natural. De ahí fuimos directo a The Brazen Head, para que ella vea el bar más antiguo de Irlanda. Se tomó una cerveza en el salón de los billetes. El barman estaba cansado, se le notaba en la cara que hacía poco había terminado la hora pico. Volvimos a la casa. Ambos muy cansados, yo me caía de sueño. Aún así hicimos un Skype con papá en el living. Después charlé un poco con Vinícius y nos acostamos.

The Brazen Head

Lunes 14: Ciervos
Desayuné solo y me puse a vaciar el garaje en busca de los colchones y edredones en mejor estado. Rescaté lo necesario para los dos alemanes que llegan el miércoles y lo dejé a ventilar en el patio. Ornella se duchó, yo preparé el mate, fuimos a comprar facturas y caminamos hasta el parque Phoenix. 

Laguito

Sr. Ciervo
Lindo día de sol, entramos por una de las puertas laterales, la misma por la que entré la primera vez con Michael. Paseamos por el jardín, vimos el obelisco gigante y seguimos para el centro del parque. Vimos unos 9 ciervos pastando al lado de una cancha de rugby. Nos acercamos despacio y se alejaban al mismo tiempo, no nos querían cerca.  Seguimos y vimos detrás de un pequeño bosque muchos más ciervos. Entre ellos, un grupo de personas casi tocándolos. Nos acercamos, les estaban dando de comer. Nosotros no les dimos nada. Por eso mismo, una vez que llevaron su hocico a nuestras manos nos volvieron la cabeza como ofendidos. Cómo se atreven a llegar con las manos vacías. Llegamos a tocarlos un poco y a sacarnos unas fotos. Mate Time! Nos sentamos en un tronco bien grande, preparamos el mate y nos comimos las facturas. Seguimos viaje, cruzamos un bosque un poco más espeso, donde había más ciervos. Se peleaban con los cuernos, pero parecía que lo hacían por protocolo, no se los notaba furiosos o con ánimos reales. Seguro que si tirábamos comida cerca se separaban y le entraban a los pancitos. Vimos la cruz papal y la rotonda que indica la mitad del parque. Bordeamos el zoológico y cruzamos el agujero en la pared para entrar al bar homónimo, Hole in The Wall. Le samos el baño y medimos un mini almuerzo, una especie de sopa espesa con pescado, es un plato local y está muy rico. Yo tomé agua y Ornella se pidió una cerveza que no conocía, era tan desconocida que nos equivocamos y pedimos cidra, el mozo nos la cambió por una Pale Ale sin cobrarnos la primera. Terminó el aseo, era hora de trabajar. Volvimos juntos a la casa y nos separamos en la esquina del semáforo de Philsboro Road. A los 5 minutos me llegó un mensaje de Ornella. Me olvidé de darle la llave, bueno, me tuvo que ir a ver al bar más tarde. A las 6 apareció después de su paseo por el centro. Yo salí del bar y nos volví a la casa. Íbamos a salir, pero no. A dormir casi temprano.

domingo, 7 de febrero de 2016

093-Dublin 30~31/ene - segunda visita a Howth



Dublín 30,31/01 – experimentando con la GoPro

Sábado 30: ajuste
Arriba a las 8, otra mañana de diario y YouTube. A las 11:30 me llamaron para que vaya al bar a las 3 de la tarde, de repente gané unas horas de ocio. Las usé para almorzar y estudiar japonés. Estoy viendo los videos de la Japan Society y los transcribo en mi cuaderno en japonés básico. Cuando se me liberaron esas horas, en el instante me sentí vacío. ¿Qué voy a hacer ahora? Pero rápidamente encontré la solución. El sol brillaba, afuera hacía frio, pero dentro de la casa y gracias a la ventana de vidrio, los rayos nos calentaban y teñían de amarillo el mantel de la mesa. Nos sentamos a disfrutarlo un momento. Luego dejé todo listo para ir al bar y me puse a ver videos.
Llegué al bar a las 3 como me dijeron. Tuvimos una pequeña charla con Gary sobre mis errores de ayer y de en general de la semana. Lo que me estresó más fue el sentimiento de culpa por recordar que, en la misma situación, me había desempeñado mejor. Hablamos de que cuando nos toca una hora pico movida tenemos que estar de acuerdo en un sistema entre nosotros y hacerlo funcionar. No lo podemos cambiar a cada rato, de esa manera la cocina sigue andando. El desayunos estuvo interesante, 33 en dos horas, pero después se calmó todo, por eso no estuve en el almuerzo, dos personas sobraban. ¿Entonces por qué estaba ahí a las 3? Porque parece que Gary se va a ir todos los sábados y lunes a las 5 y yo me encargo de cerrar.
Antes de irse y dejarle la posta a Phil, Alan me pidió que limpie la mofa con agua hirviendo y lavandina para que al final del día la vuelva a mojar en lo mismo y trapee el piso. Así que esa fue mi tarea secundaria todo el día. También antes de irse, Gary me pidió que limpie las heladeras, y Phil que revise las botellas de las salsas. En las últimas dos horas de servicio Alan estuvo sentado en la barra charlando con clientes frecuentes y organizando algunas cosas del bar, Phil estuvo sirviendo y entrenando a Ivana y yo estuve haciendo de todo un poco en la cocina. Finalmente me fui a las 8 dejando todo limpio, las cosas que no llegué a hacer las dejé anotadas en el cuaderno que usamos para dicho fin, el lunes las hará Gary a la mañana o yo a la tarde. Camino de vuelta estuve escuchando la lección 8, miembros de la familia. En japonés hay dos formas de nombrarlos, al referirse a la familia de uno y al referirse a la familia de otros con respeto. Repetí en voz alta y de ambas maneras abuelo, abuela, padre, madre, hermano mayor, hermana mayor, hermano menor, hermana menor, hijo, hija, familia, padres y niños.
En la casa me duché y me lo crucé a Vinícius, mañana nos vamos a Howth, salimos a las 11am.
Me tiré en la cama a ver videos hasta dormirme.

Domingo 31: GoPro
Sin alarma me levanté a las 8, desayuné y retomé mi cuaderno de japonés. Vinny hizo lo usual, un desayuno sencillo y a estudiar inglés con la compu. Luego, a las 10:30, se fue a visitar a unos amigos. Vinícius amaneció a las 10 aproximadamente y se sentó en la sala donde yo estaba con mi japonés. Me contó de su noche, no viene al caso detallar, pero estaba muy contento y orgulloso de sus logros y de su experiencia. Un satisfactorio viaje hacia su interior. Su alegría fue contagiosa. Mientras él se preparaba para salir yo fui a Tesco y compré algunas cosas para el almuerzo. Medio a las apuradas, porque ya eran casi las 11, convertí mis últimas 10 fetas de pan en 5 sánguches de queso Philadelphia, queso chedar, jamón, tomate y lechuga, los envolví en film transparente y los metí en la mochila de Vinícius.

Queríamos llegar al tren de las 11:43, pero se nos hizo tarde y terminamos en el de las 12:20, a la 1:00 estábamos en Howth listos para empezar el día. Primero un paseo por el Howth Market, él compró dos paquetes de carne seca a modo de tentempié. Como no teníamos tiempo de sobra dejamos el puerto para después y empezamos por el sendero de la costa. Esta vez estaba nublado y lloviznaba de a ratos, por eso había mucha menos gente, pero los saltadores en las rocas seguían firmes.
Con la GoPro sujetada al pecho de Vinícius documentamos la travesía. Varias veces nos detuvimos para cambiar el modo de la cámara de video a foto y para ajustar los filtros de luz y sombra, una tarea a veces tediosa pero que luego daría sus frutos.
Foto en la cima de la península
En la primera vista espectacular aparece la primera decisión ¿Seguimos por los senderos de los acantilados y retomamos el camino o nos desviamos y subimos a lo más alto de la península? Elegimos lo segundo, nos costó un poco encontrar el camino para subir, pero después de una vueltas lo logramos y está todo documentado. Fue genial, una trepada por las rocas y la vista panorámica espectacular.
De vuelta al camino común, ese que luego se dividirá en 4 alternativas para volver al pueblo, nos seguimos maravillando con el paisaje. Un descanso para almorzar, nos comimos un sánguche cada uno. Personalmente no le tenía confianza a la lechuga, estaba rara, pero gustó en la combinación. Enseguida después de eso hicimos otra pequeña parada sentados en una roca con los pies colgando sobre una caída de 10 metros. No era terrible, de hecho era bastante fácil mantenerse sentado, hicimos algunas tomas panorámicas cuando la fauna nos sorprendió. Vimos un ciclista, lo que es raro dadas las condiciones del camino, embarrado, con muchas rocas, por momentos muy angosto, lleno de subidas y bajadas, no conforme con eso, este ciclista no iba montado sobre una bicicleta, sino sobre un monociclo. Cuando vio la cámara nos regaló un shaka (gesto con la mano de buena onda usado en Hawaii) y siguió de largo. Lo mismo hicimos nosotros. Llegó la hora, hicimos contacto visual con el faro que representa el primer quiebre, nos adentramos en la península y en la villa dejando atrás el camino violeta, el más largo. Esta vez no entramos al bar, como había hecho con Vinny la primera vez, entramos al mercadito a comprar más agua y seguimos las indicaciones del camino rojo. Ya habíamos dejado atrás los inicios del verde y el azul, los más cortos. Seguir el camino rojo nos llevó por un rato entre calles, rutas y campos hasta que finalmente nos adentramos en bosque puro. Revisamos el mapa varias veces, técnicamente hay 4 caminos, pero el rojo, cuando se cruza con el violeta pasando la villa, parece bifurcarse, uno de seos caminos es el rojo oficial y el otro no, uno de esos pasa por el castillo de Howth y el otro llega al  puerto empalmando el camino azul sobre el final. No sabíamos cuál era cuál. Estuvimos una hora entretenidos filmando cada poste con flecha roja, estos refirmaban que no estábamos perdidos. En un momento cruzamos una planicie extensa, el sendero estaba muy claramente marcado y salirse de él implicaba meterse en un mar de arbustos pequeños, cosa que hicimos cuando al costado del camino encontramos una roca muy grande y alta. La trepamos y la naturaleza nos recompensó el esfuerzo con un fuerte viendo irlandés. Lo escuchábamos rugir, lo sentíamos en cada parte de nuestro cuerpo, nos hizo sentir más vivos que nunca. El camino sigue, no bajamos la roca porque había una alternativa más segura, nos hicimos paso entre los arbustos de vuelta al sendero.
Sentados en el acantilado
Poco después llegó el momento de decidir hacia dónde ir en la bifurcación. El que queríamos nosotros, el del castillo, era el no oficial, el que no tiene postes con flechas rojas indicando la dirección. Avanzamos cotejando las curvas del camino con el mapa. Apareció un desvío, luego otro, luego otro y otro más. Nos empezamos a sentir algo perdidos y empleamos una segunda referencia, activamos el gps del teléfono como brújula. Teníamos que ir al norte, así que apuntando hacia él fuimos decidiendo donde doblar. Después de un rato de no encontrar ningún camino en nuestra dirección nos mandamos campo traviesa, en realidad bosque traviesa, nos metimos por un caminito de cuento de hadas, un túnel de ramas debajo de las copas tupidas. En el inicio parecía un túnel que nos redordó a ‘Alicia en el país de las maravillas’, pero rápidamente se notó que no lo era, simplemente esas ramas crecen espaciadas y nos permiten deambular entre ellas. Nuestra guía era el norte. Nos topamos con un cambio de vegetación, mucho más tupida y que no nos permitía seguir avanzando. A nuestra izquierda vimos un campamento que parecía abandonado, la primera sensación fue de miedo, algo así como ‘El proyecto de la bruja de Blair’. Dos lonas grandes atadas a dos estructuras de troncos, ambas con agujeros, debajo de ellas restos de una fogata, una silla plegable y varias latas de cerveza. Dejamos el campamento y volvimos al camino anterior.
Habíamos desestimado el mapa ya, estábamos perdidos, por eso le confiamos todas nuestras fichas a la brújula digital, derecho al norte sin importar nada.
Felizmente funcionó, llegamos al campo de golf que teníamos que atravesar y después de un rato encontramos una carretera, que no figuraba en el mapa. La seguimos y se nos presentó en castillo de Howth. Resulta que esa carretera es el sendero rojo alternativo, que en el mapa figura como peatonal y en realidad es asfaltado. Lindo castillo, no es tan imponente como otros, en parte porque lo siguen usando, la mayoría de las puertas tienen un cartel de Propiedad Privada y detrás de una arcada se ven los tachos de basura industriales típicos de empresas. Sin embargo, una de las torres sigue intacta y se le notan los años, eso estuvo bueno, la recorrimos lo que pudimos desde el suelo y seguimos el camino. Bordeando por la izquierda un espacio gigante de bosque encerrado por una pared alta de piedra llegamos a la iglesia de Santa María. Estaba cerrada, la vimos por fuera y me llamó la atención la cruz. No era la típica cruz ‘t’, sino que era una cruz simétrica.
Fin del bosque, llegamos a la estación por el otro lado, dimos toda la vuelta. Nos pasamos y fuimos a ver el puerto con los últimos momentos de luz. El viento nos volvió a saludar en la cima de la muralla, emprendimos la vuela y cada paso nos empezaba a pasar factura de la caminata del día. En el tren nos recostamos contra la ventana a esperar que se desocupe un asiento. Nos sentamos faltando 4 estaciones para llegar, algo es algo. Se nos ocurrió tomarnos un micro hasta la casa, por el cansancio, pero nos dio hambre antes, nos comimos el segundo sánguche y nos volvió el alma al cuerpo. Caminamos hasta la casa, nada de micro y de andar gastando de más.
Nos relajamos en la sala con un té de menta. Yo lavé las zapatillas y las puse a secar bajo el radiador. Nos saludamos y charlamos entre los 5, nos contamos un poco del día de cada uno y nos recluimos en nuestras cuevas. Yo me puse al día con las lecciones de japonés y me tiré a ver la serie una vez más, hacía mucho que no veía nada. Me tomó unos minutos recordar el capítulo de la temporada 5 en el que me había quedado. Vi 2 capítulos y medio y me dormí.