Vivir no es sólo existir

Hola todos, gracias por leerme y así acompañarme en este viaje. Cuando me fui por primera vez lo pensé como un 'voy y vuelvo'. Algo finito, aunque largo. Hoy veo que estoy viviendo esto y después estaré viviendo otra cosa. Viajo para conocer lugares, costumbres, horarios, comidas, ritmos, gente, calles, Dojos, maestros, compañeros, trenes, redes de metros, culturas.
Hoy el objetivo del viaje, si bien tengo un plan sobre el que improviso, es viajar. Si es posible trabajar en distintas ciudades para, 1) financiar el viaje y 2) entrar bien en el ritmo local, no ser sólo un turista más.
Este texto lo voy a expandir en la entrada 'Inicios y Motivaciones'
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jueves, 7 de abril de 2016

110-Dublín 10~12/mar - hermana y hermano en Irlanda



Dublín 10,11,12/03 – se ocupa una cama más

Jueves 10: Regreso
Anoche me fui a dormir sabiendo que no iba a ir a entrenar esta mañana. Ya había hecho 3 clases, una con cada Sensei, y estaría mal dormido. Me deserté solo a las 10. Tiempo de ir tenía, pero desayuné tranquilo. Encendí la laptop, entré con una cuenta de visitante y no me pidió contraseña. Como tenía poco tiempo decidí pasar las fotos del disco de mi papá al mío y viceversa, pero el mío tiene contraseña y para que me dé la opción de entrarla necesito poderes de administrador, me llevé los dos discos a Dublín. Chatee con Fernando y quedamos en que lo iba a ver hoy. Primero fui al metro y directo a su oficina. Tomé la línea 5 hasta Pirámides y el Cercanías 10 hasta el Barrial. Entramos al edificio de la empresa y nos tomamos algo en la cafetería, después charlamos un ratito afuera para despejarnos. Lindo reencuentro. Nos despedimos hasta la próxima. Volví al tren, bajé en Pirámides y caminé hasta la Puerta del Sol, entré al Hotel Europa y nos fuimos a almorzar Ornella, el abuelo y yo a un restaurante italiano. La comida estuvo rica, pero no tanto como las tapas y raciones de los bares españoles. Lo dejamos al abuelo en el hotel y los dos hermanos nos fuimos a pasear. Al Corte Inglés a comprarle un teléfono que le habían encargado a Ornella desde Argentina. Después paramos en Llaollao a comer yogurt helado que tanto le gustaba a Fermín cuando vivió acá. Yo tenía que volver al departamento a prepararme para el vuelo, Ornella me acompañó y entre ella y el tío liberaron el teléfono de su amigo. Yo me dormí una siesta corta en la cama, terminé de acomodar la mochila y salí casi rajando. Otra vez los dos juntos, ella fue al hotel y nos despedimos hasta mañana en Sol. Caminé hasta la plaza de Cibeles donde me lo encontré a Dani en la parada del bus express amarillo al aeropuerto. Charlamos un poquito, no hubo mucho tiempo. Me contó algo de su viaje de mochilero a la India y le dejé los 35 euros que no le pude dar a Josefina esta mañana por las clases de Aikido. Cuando estaba ya en camino a Barajas me llegó un mensaje de Dani, se olvidó de darme un recuerdo del viaje, ya tengo otra excusa para volver.
Yogurt helado
Llegué con tiempo de sobra. En el VIP descansé un ratito y me llevé una botellita de agua y dos bocadillos de jamón para más tarde. Entrando al avión el personal me hablaba de entrada en italiano porque en mi boleto de embarque dice Italia. Me siento en deuda con ese idioma por usar su pasaporte. El avión despegó en horario, me había tocado el último asiento contra la ventana, los otros dos los ocupaban dos chicas. Cuando cerraron las puertas ambas se movieron porque había espacio de sobra y se ubicaron cada una en una fila de tres asientos vacíos más adelante. Dormí todo el viaje.
Aterrizamos y fui a tomarme el micro, estaba cansado para caminar, además mañana trabajo. El Dublin Bus, el micro de línea ya no funcionaba, era muy tarde, me tomé el espress que me cobró 6.5 hasta Drumcondra, cerca del Dojo. Ahí nomás volví a notar la diferencia de precios entre Madrid y Dublín.
Caminé hasta la casa por el mismo paseo del canal de siempre y me sentí de vuelta en casa, con un clima bien húmedo y curiosamente más cálido. Entré y no había nadie en la sala o el pasillo. Cuando guardé mis cosas en la pieza Vinny medio que se despertó. Me duché y a la cama.


Viernes 11: Ornella
Esta mañana volví a desayunar mi porridge, tuve que ir Tesco a comprar leche. En la mochila negra puse los tabacos para Phil y me parecieron pocos, pero era todo lo que tenía. Llegué y me saludé con todos, por ser viernes al mediodía estaban los tres. Rápidamente me puse el delantal y a ordenar el quilombo de trastos de la pileta. El día estuvo movido, en los momentos tranquilos Gary me contó de los chicos que estuvieron a prueba en mi ausencia. Dos de ellos automáticamente descartados y otro que se veía prometedor. Él se fue a las 5 y yo me quedé hasta el final. La gente seguía pidiendo comida y cociné hasta las 8. A las 9:30 terminé de limpiar y me fui, me olvidé de darle los tabacos a Phil, de llevar los jamones y los Havanna.
Vuelta al trabajo
Del bar fui directo al aeropuerto. Esta vez fui con un micro de línea. Mientras la esperaba a Ornella, mi tío Diego me pidió que le traduzca una respuesta de un mail en inglés. Se está contactando con un zoológico de Ámsterdam. Parece que se va dos semanas a trabajar ahí en abril, puede que nos encontremos. Ornella salió y ahí estábamos, los dos juntos en Dublín por empezar la gran y esperada semana. Tomamos otro micro de línea y volvimos a bajar en Drumcondra, le mostré mi paseo favorito, aunque era de noche. Llegamos a la puerta y los franceses vecinos estaban saliendo, se iban de recorrida de bares y nos invitaron. Nosotros estábamos cansados y lo dejamos para otro momento. Le mostré la casa, le expliqué los procedimientos, charló con Vinny que estaba despierto, un poco con Nana que estaba en la cocina, casi nada con Vinícius que se estaba yendo a dormir y a Antonio no lo vio. Primera noche, experimentamos a ver qué cama le va mejor. Durmió en el colchón en el piso.


Sábado 12: Bar
Me sentía como en martes. Claro, después del tiempo libre, trabajar es un lunes, hoy, segundo día, martes. Pero no, era sábado y mañana otro día libre. Me pidieron que vaya a la mañana porque iba a estar muy concurrido el bar por un partido importante al mediodía. Fuimos al bar los dos juntos, ella se sentó del otro lado de la pileta, donde se sentaba la novia de Dave durante mis primeros días de trabajo. Los conoció a Gary y Alan y estuvo todo el desayuno escribiendo en su libretita. El servicio de la mañana fue el más movido jamás. 63 desayunos en 2 horas y media. Empezamos el almuerzo, Ornella se tomó un café y fue a pasear. El almuerzo estuvo normal, luego la clásica hora muerta y de repente se llenó de gente, había tanta que era difícil sentarse a comer, de todas formas preparamos varios platos. Mi hermana volvió a buscar la llave y se fue a esperarme a la casa. Gary se tomó el micro de las 6:15 y yo me quedé a cerrar, a las 8 me fui, Phil me pagó la semana (dos días), y caminé escuchando Guns n’ Roses.
En la casa me duché, charlamos un rato, a Ornella le llevé sobras del especial del día, pollo con curry, al final me lo terminé yo, les convidamos a los Vinnies. Ahora por un lado tenemos la información de Vinny que estuvo hablando con Patricia, la vecina que está pensando en mudarse a esta casa; por otro lado tenemos a dos alemanes que van a llegar el miércoles y por Couchsurfing y hay que organizarse  para acomodarlos.
Primer trago en The Black Page
Esta noche fue la primera salida. Apuntamos para la izquierda, vimos un par de bares pero estaban vacíos por dentro, eso se veía por la ventana. Fuimos a la derecha hasta uno que yo sabía que se llenaba de gente. En la puerta el guardia de seguridad nos dijo que había una entrada de 7 euros después de las 11, eran las 11:15, pero nos dejó entrar a ver. No era para nada lo que parecía por fuera. Tiene 6 salones y tres pisos, es enorme, es McGowens. Nos encantó, nos fuimos para no pagar los 7 euros y entramos a uno en frente que no cobraba entrada y pintaba como los anteriores que habíamos desestimado. Este segundo bar, The Black Page tampoco es lo que aparenta, tiene 4 salones y tres barras, en uno de ellos hay juegos de mesa y te dejan jugar dejando un depósito de 10 euros. Ella se tomó una cerveza y yo un jugo de frambuesa. Volvimos a la casa y a dormir, ella en la cama y yo en el piso, anoche pasó frío.

miércoles, 6 de abril de 2016

109-Dublín 08~09/mar - buenas prácticas, buena poesía



Dublín 08,09/03 – en contacto con poetas

Martes 08: AETAIKI

La foto chueca
Los tres aventureros
Tomé cereales con leche a pesar de que iba a desayunar en el hotel. Llegué a las 9:20, Ornella seguía durmiendo, la desperté con una llamada de WhatsApp pero me dijo que espere un rato. Entré la habitación de mi abuelo y charlamos. Hacía cuanto que no hacíamos eso. Recuerdo los días trabajando en el taller en su casa. A las 10 bajamos los tres a desayunar, mientras Ornella se preparaba para salir hicimos sobremesa. Paseamos un buen rato. Primera parada La Casa del Libro de la esquina, no tenían el libro aún. Fuimos a Gran Vía a comprar un perfume y de paso preguntamos ahí por el libro otra vez, misma respuesta. Pero averiguamos donde iba a ser la presentación el lunes. De ahí caminamos hasta el Parque El Retiro. Nos tocó un día hermoso de mucho sol y fresco. El abuelo quiso caminar un poco, al final anduvo solo más de 45 minutos en total. Vimos unos botes en el laguito y nos dieron ganas de remar, pero lo dejamos para otro día cuando estemos Ornella y yo solos. Fuimos a la casa de cristal donde suelen exponer arte moderno, estuvo lindo, la casa en sí misma es fantástica. Paramos a almorzar en un puestito en el parque, nos entraron una mesa para que nos podamos sentar en sillas y no butacas. El abuelo y yo pedimos pizza y Ornella una paella. Parece que le cayó mal porque estuvo descompuesta todo el camino hasta e hotel. Los dejé a los dos ahí, fui al fnac de la calle Callao a buscar un comic que estoy esperando hace meses, sigue sin aparecer. Me compré un helado y me lo tomé escuchando a un cantante callejero excelente, cuando terminé mi postre y lo fui a filmar llegó la policía y lo sacó porque no tenía permiso, le dejé monedas y volví al depto. Pasé Los Andes, una jamonería para comprar los regalitos para la casa en Dublín. Me la encontré a la señora que limpia, charlamos un poco, yo me quedé dormido en el sillón. Justo a tiempo me desperté y salí para el Dojo. Por WhatsApp coordine la noche y quedamos para cenar a las 10 en el centro con mi tío, Beto, el abuelo y Ornella.

En la casa de cristal
[Vuelta al tatami Sánchez. Me recibió Josefina, charlamos un poco y entré a cambiarme. La puerta del Tatami estaba cerrada, nunca la había visto así, parece que en invierno la cierran durante la clase de niños. Mientras me cambiaba empezó a llegar gente amiga. Muchos saludos y bienvenidas y un brazo con Isra. Nos acomodamos en el tatami y llegó el jefe a impartir su clase. Pude notar algunos cambios en su discurso, no estoy seguro de poder enunciarlos, pero los había. Volver a la práctica de este estilo también fue un poco como volver a casa, mi cuerpo recordó esas sensaciones, buenas sensaciones, como siempre dice Tomás. En la puerta charlé hasta el final con los chicos y fiel a mi costumbre, me fui último.]

Llegué al hotel, donde estaban esperándome para la sobremesa, bastante tarde, tan tarde que ya habían cenado en otro restaurante y la noche estaba por terminar. Todos ellos con un té, yo me sumé en el mismo espíritu pero con algunas cositas para picar. Terminamos, nos despedimos y los tres que no nos quedábamos en el hotel caminamos hasta La Latina. Fresca la noche, y con el cansancio no hablamos mucho. En el depto comimos algunos Havanna y a dormir.




Miércoles 09: Poesía
Llegó el gran día, el esperado. Los fui a buscar al hotel otra vez a la mañana. Esta vez sin resaca de la noche anterior ni mal dormidos, salimos a pasear por las cercanías. El abuelo quiso ver la Plaza Opera donde la conocimos a Ellia, una chica que vendía dulces turcos en la feria que hoy no estaba. Volvimos a la Casa del Libro y había llegado su colección de poesías esa misma mañana, pero aún no estaba en las estanterías. Le sacamos una foto con su obra en el sector de poesía. Nos encontramos con el tío en el bar Bodega de La Ardosa, uno de los mejores en Madrid para tomar Guinness. Se nos sumó Valeria y picamos jamón y vegetales fritos. De ahí fuimos los cuatro a almorzar a un restaurante muy lindo. Me llené de más, me comí las sobras de todos. Nos separamos a las 4:30. Yo volví al departamento, agarré la mochila y al Dojo. Llegué y estaba cerrado, esperé en la puerta un rato hasta que apareció Roberto a abrir. Qué alegría volver a verlo.

[Me cambié y al tatami. La clase en general no fue tan matadora como otras veces, pero al final en la práctica libre se puso más intensa hasta que Sensei me tomó de uke y me quedé sin aire en pocos segundos. Pude entrenar con Constanza y varios aikidokas más con los que tenía ganas de sentir el Aikido. Cuando terminó salí del salón y me lo crucé a David que estaba entrando a dar la clase de las 7. Roberto me preguntó de mi experiencia con la práctica, le comenté lo que hice y me dio su consejo, a la mitad de este llegó Tomás a reemplazar a josefina en la secretaría y se sumó al consejo. Estuvo muy bien, ya lo escribiré. Tomé agua, me refresqué y volví al tatami. La clase tampoco fue matadora como las de enero, puede que el clima caluroso haya ayudado en gran medida. Estuvo muy buena, sólo tres clases alcanzaron para que mi cuerpo se acuerde de cada músculo y articulación.]

Alfonso y el abuelo
Salí rajando al terminar de la clase directo a la parada del micro, línea 31 que me lleva de vuelta a La Latina. Fernando, mi amigo de Madrid que es el único del grupo que quedó en la ciudad, me dijo que no puede ir al recital por problemas personales, una lástima. Vacié la mochila y caminé y troté al bar Libertad 8 donde sería el recital. Llegué y me los encontré a Beto y Rodolfo en la puerta, estaban por empezar. Apareció mi tío con Saray, le veía cara conocida, también había recitado la última vez que estuvo mi abuelo acá. Esta vez nos presentamos personalmente. Entramos todos y nos ubicamos, como siempre, mi abuelo en su silla con su escritorio en el centro del escenario. La familia al fondo, se nos sumó Alfonso, un amigo y compañero de Aikido. Yo le iba contando de las poesías y las historias dentro de ellas de mi abuelo. La pasamos muy bien. Recitaron muchos poetas y cantaron varios cantautores. Al final charlé un poco con Jon, un gran poeta que también conocí en el último recital. Él y Saray son dos personas que me hubiera gustado llegar a conocer más el año pasado, y por alguna razón no lo hice mientras viví en la ciudad. Frente a esta situación me reconforto con las palabras de Gerry Griffin, que me dijo que hay un momento en la vida de todos en el que vamos a hacer las cosas que vamos a hacer, o todo en su momento, el año pasado no fue el momento? Puede ser, de todas formas siento que me hubiera gustado. Terminó el recital y cerraron el salón trasero. Nos quedamos 45 minutos en el bar charlando y firmando libros, luego empezaron las despedidas, el chau, hasta la próxima, duró una hora y cuarto. Pero nos fuimos y bien despedidos. Nos tomamos dos taxis, en uno mi abuelo, Ornella, mi tío y yo con la mitad de los libros que le tocaban al autor directo al hotel en Puerta del Sol; en el otro taxi Beto, Urrutia y su hijo Ramiro fueron al departamento en La Latina a esperarnos. Dejamos a mi hermana y mi abuelo en el hotel y volvimos al depto, ya sabía lo que se venía, largas charlas entretenidas con montones de anécdotas, algún que otro palo al gobierno argentino, y más de un me voy que sino no duermo nada, cada 30 minutos. Así fue, nos dio hambre, mucha, todo estaba cerrado, íbamos a llamar a una pizzería pero yo me puse a preparar lo que había en la heladera, una picada de jamones y quesos, una provoleta al horno, una pizza y un revuelto de huevo, jamón, queso y tomate. De postre Havanna, no falla. Ya llenos se fueron los Urrutia, yo lavé y nos acostamos a las 3:30 más o menos.

martes, 5 de abril de 2016

108-Dublín 06~07/mar - el gran reencuentro




Dublín 06,07/03 – de vuelta en Madrid

Domingo 06: Madrid
A las 12:30 llegó Vinícius, se había juntado con amigos y habían charlado un buen rato. Yo me estaba terminando un café negro, a veces me dan ganas. Tenía tiempo, y él estaba de ánimos para reflexionar sobre las charlas que tuvo. Nos sentamos a la mesa con un té cada uno. Él y yo estamos cambiando la forma de ver el mundo, lo analizamos y lo estudiamos. Siempre desde el comportamiento humano, el individualismo, las normas sociales, el funcionamiento del sistema y su influencia en las opciones entre las que optan los libres. Que no son tales, ya que estas opciones las genera el sistema y con ellas la ilusión de la libertad de acción, ya hondaré en un texto específico. La cosa es que estos amigos con los que estuvo charlando, según su concepción, están más avanzados que nosotros en este análisis, ven las cosas tanto más distintas que lo que muestra el sistema que él las consideró algo descabelladas. Una de las conclusiones es que hay que rodearse de gente más inteligente que un para progresar. Me gusta esa idea, lo que no me termina de convencer es esta forma de abordar el tema con escalafones. Ellos están más abiertos de mente que nosotros, y nosotros más que el común de la gente que sigue el sistema y sin darse cuenta que son ovejas de corral. No me gusta ver las cosas así, no me gusta ponerme a mí por encima de nadie ni poner a nadie encima de mí. Debo reconocer que lo he sentido así. Una cosa que me vino a la mente fue The Matrix y las tres situaciones posibles con la elección de las píldoras. En la película Morfeo le ofrece a Neo una elección: tomar la píldora roja para quedarse despierto, afrontar la realidad y reformular tus creencias, o tomar la azul y olvidarte de la verdad para seguir viviendo en el mundo sencillo de la fantasía controlado por otros. Las posibilidades son arriesgarse a tomar la roja, buscar el camino fácil y tomar la azul, o nunca haber conocido a Morfeo, y por ende vivir en la fantasía sin siquiera saber de la existencia de otra realidad.
Aquí otro tema para profundizar.

A las 2am Vinícius entró a ducharse y yo salí a la calle con la mochila cargada. El teléfono se está cargando muy lento, estaba a al 33% cuando llegué a la casa y 4 horas después apenas tenía el 50%, no sé que le andará pasando a la batería. Lo usé lo menos posible. Caminé de memoria para no usar los datos, pero cuando no estuve seguro lo encendí y me ubiqué, no estaba errado de camino, pero había elegido uno mucho más largo, volví sobre mis pasos y retomé el camino corto. A la hora me comí un burrito. Iba escuchando música, con la idea de llegar al aeropuerto y cargar el teléfono. Otra vez entré por la terminal 2 y caminé por dentro hasta la terminal 1. Nada que despachar, el boleto de embarque y el pasaporte en la mano, fui directamente a las puertas. Quise entrar al VIP pero estaba cerrado, esperé media hora a que abra mientras me comí el segundo burrito. Entré, cargué el teléfono, me tomé un café con leche y vi un capítulo de Dragon Ball Super. Iba a dormir una siesta, pero no tenía mucho tiempo.
Los escudos de AUA
El abordaje empezó 20 minutos tarde, cuando finalmente subimos el avión se demoró una hora, una hora que nos tuvieron sentados sin despegar esperando que aclare el clima en Francia. Dos horas de vuelo después aterrizamos en Barajas, el aeropuerto internacional de Madrid. Durante el vuelo le cambié el chip al teléfono, le puse el de Tuenti otra vez, el que usé cuando viví en España. Salí sin problemas y me estaba esperando mi tío, ya es una costumbre recibirnos en los aeropuertos. Nos tomamos un taxi a su departamento. Otra vez en la calle Almendro, qué lindo! Dejé mi equipaje en la pieza, me dio la llave de la puerta de calle y salimos a comer algo. El Tempranillo estaba cerrado, no lo podíamos creer. Fuimos a otro con buenos pinchos y nos dormimos una siesta. Antes usé una tijera de uñas para descocerle los escudos de Aikido Unión Argentina al keikogi que tenía guardado en el ropero, lo dejé los más liso posible para las clases. Como me enseñaron hace tiempo, donde vayas haz lo que vieras, hablando de ir a clases con distintos maestros. A Tomás Sánchez no le gustan los adornos en la ropa de práctica, el Aikido es una arte marcial puro y esa pureza se debe representar en la vestimenta. Hakama lisa con tu nombre y chaqueta blanca sin escudos.
A las 4 mi tío se fue a lo de Javi a ver el partido, yo me sumé a las 5:15, dormí un poco más, seguía pasado de rosca por el poco sueño de anoche (una hora entrecortada en el avión). Cenamos croquetas, excelentes. Volvimos a pasar por el tempranillo a ver si estaba abierto y no, seguía cerrado. Nos preguntamos si no trabajan los domingos, no puede ser. En el depto nos tiramos en el sillón a ver una peli. Vimos Trumbo, una biográfica de la vida de Dalton Trumbo, famoso guionista de Espartaco y tantos otros éxitos de la época. Buenísima, muestra como los trataban a los comunistas en Estados Unidos, lo cerrados de mente que eran, me recordó a Heredarás el viento, donde enjuician a un profesor de secundaria por enseñar la teoría de la evolución. Nos gustó tanto que no nos dormimos.
A las 10 salimos a buscar más comida. El Tempranillo estaba abierto y nos dijeron que los horarios son de 1 a 4 y de 6 a 12. Las dos veces que pasamos antes no cabían en ese cronograma. La pasamos muy bien charlando con el mesero amigo y comiendo excelentes platos españoles. Fuimos a tomar un helado al lado pero ya no vendían más, una tristeza. Fuimos a los chinos a comprar galletitas dulces, chocolate y rollo de cocina. Mi tío no llegó a probar nada que se durmió, yo sí, me comí un pedazo de chocolate con un café de máquina. Organicé mi ropa en el mueble, encontré mi tarjeta de metrobus y la puse en la billetera, ordené un poco y a dormir. Me siento muy bien, no estoy en casa, pero viví en este departamento, en este barrio y caminé por las calles de la vieja Madrid por cuatro meses. Es como estar en casa. Los colores, la calidad del aire seco, los olores de las calles, los restaurantes, los centros comerciales y los de la casa. Todo me recuerda a mi vida aquí. Cuando caminamos tanto una ciudad la hacemos propia, aunque me siga perdiendo.


Lunes 07: Reencuentro
Arriba solito a las 8:30, como me lo esperaba. Mientras preparé la mochila para Aikido y dejé todo listo para que Beto duerma en la cama esta noche, porque estoy de invitado me toca el colchón inflable, que está buenísimo igual, me tomé un café con galletitas. En la alacena había una caja enorme de cereales que estaban próximos a vencer, salí a comprar leche, de paso a recargar la tarjeta metrobus y a comprar crédito para el teléfono. Ambos actos fallidos. La tarjeta solo se puede cargar con abonos mensuales, la otra opción era comprar un boleto de 10 viajes que seguía siendo más caro que pagar cada vez. Ya que solo viajaría 4 veces. Me bajé la aplicación de Tuenti otra vez y resulta que tenía 12 euros de crédito, no los había comprado y no podía ser posible que sigan en la cuenta después de 8 meses de no usar la tarjeta sim, además no recuerdo que me sobrara tanto. Bueno, sea como sea estaba hecho, le cargué el abono más barato posible, 7 euros, 1gb de datos con 4G. Excelente, es ingastable eso para los 4 días que voy a estar acá. Volví al depto y nos estábamos alistando. Quise usar una de las laptops para escribir, así no me desactualizaba tanto como la última vez, pero dos no se podían usar y la otra tenía contraseña, que ni mi tío ni mi primo se acordaban.
Nos fuimos, agarramos su auto, que ahora logró estacionarlo en la cochera en frente del depto, pasamos por la Editorial Frida, donde editaron el libro del abuelo y nos llevamos tres copias al aeropuerto. En el camino me contó con más detalle el asunto. No se lo editaron como el que hizo en La Plata, que mi tío pagó por todo y mi abuelo regaló los libros a sus amigos. Acá le mostraron los escritos de mi abuelo a la editorial y al jefe le gustó, editó el libro, imprimió 500 ejemplares y los puso a la venta en La Casa del Libro y en los centros comerciales de Madrid, le gustó de verdad.
En Barajas estuvimos con mi tío un buen rato esperando que salgan mi hermana y mi abuelo. Estaban con la silla de ruedas, así que sabíamos que iban a salir últimos, pero no una hora y media después del aterrizaje. Parece que estaban cortos de personal y los demoraron mucho. Salieron últimos. En la espera no sabíamos qué pasaba. Fuimos a informes y no nos podían dar información de pasajeros, pensé en ir a la policía a preguntar si los habían demorado, pero justo antes de ir mi tío habló con una señora en silla de ruedas que había compartido espera con el abuelo. Salieron, casi solos caminaron alrededor del pasillo, atrás los seguía un muchacho con las valijotas. Qué alegría volver a verlos. Ornella estaba mucho más flaca, pero no tanto como se ve en sus fotos por suerte. Nos dimos un abrazo muy fuerte, y otro con el abuelo, que fue más difícil por la silla. Caminamos hasta el auto, en el camino le dimos el libro y se puso a estudiarlo. La primera reacción fue muy agradecida. Pero pronto se puso a lo suyo y encontró dos cosas que hubiera hecho distinto. El tío nos dejó cerca de La Puerta del Sol y volvió al depto a dejar el auto, nos encontraríamos en El Lizarrán, un restaurante de pinchos. Vacié mi mochila que estaba llena de cosas para mandar a Argentina en la valija del abuelo. Salimos los tres con la súper silla de ruedas que cordialmente le dejé llevar a Ornella. El tío se nos sumó y comimos muchos pinchos. Se demoró porque Beto había vuelto de un día de gira y tenía noticias. Durante la cena el tío organizó las tarjetas sim y le dio un número al abuelo y otro a Ornella.
Lo dejamos al abuelo en el hotel y salimos a pasear los tres. Entramos en La Veneciana, un bar antiquísimo con olor a madera, ahí nos alcanzó Ismael, que también volvió hoy de la gira pero no estaba tan cansado. Nos llevó al Bar Las Bravas, donde se supone se hizo la receta de la salsa brava por primera vez. Estaba muy rica ciertamente. Seguimos dando vueltas hasta encontrarnos con Joaquín un amigo gran conocedor de bares, en la Plaza Santa Ana, una que recorrí mucho cuando trabajaba con los routers. Nos metimos en uno de los bares recurrentes de este grupo en busca de mojitos, no les quedaba hierba buena, se tomaron una caipiriña. Nos encontramos con más gente conocida. Nosotros tres nos fuimos temprano y los dejamos al resto en el bar. Nos despedimos de Ornella en el hotel, quedé con ella que a las 9:00 desayunábamos y caminamos el tío y yo al depto. Ese recorrido que antes parecía medio largo ahora es corto comparado con la caminata al trabajo en Dublín. Beto estaba despierto, charlamos un poquito, comimos algunos Havanna, que me trajo Ornella de parte de mi papá junto con un tarro de dulce de leche, y a dormir.

viernes, 6 de noviembre de 2015

060-Madrid parte 5 - La práctica se hace intensiva


Madrid 2015 Parte 5 – Libertad! Aikido! Qué lindo!



Junio empezó con un nuevo aire. La temperatura comenzaba a aumentar, había más sol, no tenía que despertarme a las 6:30 para participar de la conferencia de AllUnite y no estaba todo el tiempo pendiente de cuántos routers instalaba, o de cómo le iba a hablar a este potencial cliente, tampoco estaba llevando registro de las visitas ni estaba atento a la situación de cada instalación. Me había liberado del trabajo. Una parte sí me gustaba, la de organizar. Cuando me fui le dije a Mayte que me tubiera en cuenta para el área de administración, para eso sí soy bueno. Pero lo más importante fue que al liberar las mañanas y las tardes, pude empezar a asistir a las clases de Tomás de los martes y jueves a las 11am. Estas son las más largas, hasta la 1pm, y más concurridas, entre 15 y 30 alumnos dependiendo del mes. Me gustaron mucho, fue volver a entrenar por las mañanas, salir del Dojo y darse cuenta que ya había hecho dos horas de Aikido y todavía tenía todo el día por delante. Terminó mi primera clase de los martes y me sentía algo agotado pero no muerto, no sé si habría aguantado una clase de alguno de sus hijos enseguida, pero la siguiente era de Roberto y recién a las 2:30pm. Así que dejé mi keikogi y mi hakama colgando en el vestuario y me fui al bar de Hugo a almorzar. Me acompañó Michel, el griego, un tipo simpático como pocos, muy extrovertido y que le gusta hablar y compartir. Él se tomó una caña y yo lo de siempre, que ya lo tenía acostumbrado a Hugo. Cuando me acercaba solo a la barra me decía ‘¿Un Acuarius de naranja?’ y me lo servía junto con una tapa en una de las mesas de afuera. Pasó que las primeras noches con los chicos me pedía siempre un vaso de agua, no pagaba y les comía la picada, empecé a pedir un jugo y se me hizo costumbre.

De vuelta en el Dojo, Tomás estaba haciendo de recepcionista mientras su hijo se cambiaba para dictar la clase. Estaba su nieto jugando en el pasillo. Las clases de la mañana y el mediodía tienen un ritmo distinto a las de la noche. No sólo hay más luz de sol, algo más cambia, la energía de la gente será, esta todo más fresco. En esta clase conocí a una gran aikidoka, que me mostró y me hizo sentir una fluidez y constancia de trabajo muy particular y disfrutable, a pesar de que me dejaba con la lengua afuera en cada cambio de parejas. Constanza, la esposa de Sensei Roberto, con ella aprendí que tori/nage empieza a fluir con la energía de uke mucho antes de que se concrete el ataque y que, con una actitud de irimi constante, es este quien provoca el ataque de uke, que funciona como una defensa de ese irimi. Me acuerdo de casi todos los aikidokas de la AETAIKI con los que practiqué, pero algunos me hicieron sentir cosas nuevas y los recuerdo particularmente, Consti es una, como Alfonso, que lo mencioné en entregas anteriores.

Otro Aikidoka con el que me sentí muy a gusto fue Ángel, no practiqué tanto como creí que lo haría con él, ya que solíamos coincidir en las clases de Tomás y no nos tocaba juntos. Pero recuerdo especialmente una clase de Roberto de las 8, creo que fue un miércoles, hicimos juntos las últimas tres técnicas de la clase. La segunda fue kokyunage (un ejercicio para lanzarnos, caer, levantarse y volver a ser lanzado), estábamos los dos agotados, el más que yo porque venía de la clase de David, me apiadé y bajé un poco el ritmo, pero me hizo sentir sin palabras que no quería eso. En ese momento recordé las palabras de Vicente en aquella clase que casi no terminé. La decisión de bajar el ritmo o parar es personal, los límites los define cada uno y, algo my importante, esos límites suelen estar más lejos de los que creemos. Entonces redoblé la apuesta y lo lancé como se debe, sin darle descanso entre caídas, él hizo lo mismo y cuando Roberto pasó cerca nos dijo que veníamos bien y nos regalo una ronda con él como nage/tori. Fue un gran momento y estoy feliz de haberlo vivido y recordado, porque luego intenté que vuelva a pasar y no se dio la oportunidad.

Después está Pedro, con el compartí algunas clases de Tomás por las mañanas. Un tipo fuerte, alto y muy plástico; verlo caer y acomodarse a mis técnicas me enseñó a hacer lo mismo. Ser un uke blando y suave no está estrictamente relacionado con nuestra flexibilidad muscular, si bien es necesaria, lo que nos hace blandos es aprender a separar las cadenas musculares y reorganizarlas según la situación de manera armoniosa. Pedro no me dijo eso, pero fue lo que sentí al mover su centro de equilibrio.


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Abel Pintos en Madrid
Como es mi costumbre, de a poco me fui acostumbrando a ciertas cosas y generé varias rutinas que me confortaban. Una de ellas era el autobús ida y vuelta del Dojo. A la ida iba lleno generalmente, rara vez me sentaba y siempre estaba leyendo. Los primeros días Dracula y después el libro de los Zapp, Atrapa tu Sueño. El segundo me incentivaba más y más a seguir viajando, con el primero disfruté en grande de un inglés clásico. A la vuelta siempre salía recién bañado del vestuario después de haber sudado la gota gorda en el tatami, caminaba de noche hasta la parada y esperaba al autobús leyendo o chateando. Viajé siempre sentado, mirando a la gente subir y bajar. Los personajes nocturnos son distintos a los diurnos. A la hora de bajarme variaba entre la Plaza de la Paja y la Plaza de Puerta de Moros. Con la segunda atravesaba gran parte de la Cava Baja que a esa hora estaba atestada de gente, pero el camino era llano. Después del doblete Sánchez mis piernas estaban agradecidas por esta ruta. Al llegar a la puerta del departamento tomaba aire y subía las escaleras, exhausto dejaba acomodaba todo y me tiraba en el sillón a ver lo que sea que estaba viendo Fermín.



Fermín, claro, la otra mitad de esta aventura. Se consiguió una changa. Abel Pintos presentó dos recitales en un bar grande de Madrid. Él estuvo presente en ambos trabajando de asistente general. Además de eso fue a dos entrevistas de trabajo y a dos días de entrenamiento. No le gustó. Ambos eran lo mismo, que parece ser el trabajo más fácil de conseguir en Madrid, porque nadie lo quiere hacer y los que lo hacen no duran y son reemplazados con regularidad. ¿Recuerdan cuando caminan por el centro y están estas personas bien vestidas y con una sonrisa en la cara, que siempre llevan consigo una carpetita y un morral? Cuando pasás cerca te miran y si les devolvés la mirada un segundo se te acercan, se presentan con toda la buena onda del mundo y te ofrecen ser colaborador de una caridad, suscribirte a una revista, ayudar a recaudar fondos para tal ONG, o cualquier otra cosa que el 95% de la gente ignora, el 3% los escucha por compromiso y con incomodidad y el 2% acepta, con suerte. Bueno, de eso eran los trabajos a los que se presentó Fermín. Cuando me lo encontré a la noche después de Aikido lo vi estresado y de mal humor. Parece que le afectó bastante, fue insalubre. Pasa que dentro del gran porcentaje que te ignora hay muchos que les empezás a hablar y te rechazan de mala manera, eso perturba mucho y es moneda corriente en ese trabajo.

En resumen, siguió sin trabajar. Algunos días me acompañó solo para no estar todo el día sin hacer nada. Tampoco le gustó lo que yo hacía, era parecido a lo que él rechazó.



Otra ventaja de haber dejado el trabajo fue que me pude volver a sumar a la emblemática comida de los viernes de Rodolfo y su barra de amigos. La primera vez fue en febrero de 2014, la segunda en noviembre. Esta vez llevaba dos meses en Madrid y no los había visto ni una vez. Le escribí y el primer viernes que tuve libre los encontré en el bar La Paloma, para unos buenos boquerones en aceite. De ahí, y siguiendo el ritual, fuimos a lo de Dani, que está en la misma calle que la oficina de mi tío, buenos chorizos y salames. Antes de comer hicimos la parada en el Xentes, chorizo colorado y navajas. Lo bien que se come en Madrid no tiene nombre. El almuerzo es en el Urumea 2, un restaurante que siempre les reserva una mesa a sus clientes favoritos. Esta costumbre de tapeo fue lo que cautivó a mi tío y lo que me mostró al venir la primera vez. El recorrido terminó, como siempre, en el bar de Tere para un café. Este bar está frente al departamento, eran las 4 de la tarde y fui a ver si Fermín estaba despierto, lo estaba, así que lo llevé para que conozca a la barra. Me encanta porque mi hermano los conoció gracias a mí, yo gracias a mi tío y mi tío gracias a Ismael, un gran amigo suyo y el hijo de Rodolfo. Son interesantes estas cadenas. ¿Cómo seguirá?

Este grupo de viejos amigos lleva años con este ritual de la comida de los viernes, con tapeo en los mismos bares y almuerzo en el Urumea 2, y lo respetan religiosamente todos los viernes salvo en ocasiones especiales. Son gente muy interesante para conversar y están llenos de historias de Madrid. Con ellos aprendí de la ciudad, de cómo era antes, de cómo la ven los distintos sectores sociales, qué tan mal ven ellos la crisis del país y un poco de geografía local. Lo que más recuerdo, dada mi naturaleza, es en qué bares y tabernas se comen las mejores tapas y platos.

La barra de Rodolfo, falta más de la mitad
Hubo una segunda salida con ellos. Esta vez Fermín nos acompañó desde La Paloma, el principio. Pero nos despedimos en el Xentes antes de comer para no llenarnos mucho. Los dos queríamos llegar a nuestros entrenamientos en el gimnasio y en el Dojo en buen estado. La semana anterior yo había hecho el circuito completo con la barra y estaba llenísimo, sumado al calor del verano que ya teníamos encima fue un desafío caminar hasta la parada del autobús.



Más cosas interesantes nos pasaron este mes, que las dejaré para otras entregas. ¡Qué linda la vida Madrileña que nos tocó!