Vivir no es sólo existir

Hola todos, gracias por leerme y así acompañarme en este viaje. Cuando me fui por primera vez lo pensé como un 'voy y vuelvo'. Algo finito, aunque largo. Hoy veo que estoy viviendo esto y después estaré viviendo otra cosa. Viajo para conocer lugares, costumbres, horarios, comidas, ritmos, gente, calles, Dojos, maestros, compañeros, trenes, redes de metros, culturas.
Hoy el objetivo del viaje, si bien tengo un plan sobre el que improviso, es viajar. Si es posible trabajar en distintas ciudades para, 1) financiar el viaje y 2) entrar bien en el ritmo local, no ser sólo un turista más.
Este texto lo voy a expandir en la entrada 'Inicios y Motivaciones'
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jueves, 24 de septiembre de 2015

038-Londres 23~24/sep - Se acabó Inglaterra



Londres 23,24/09 – miércoles – Adiós jardines, hasta luego Geoff

Esta mañana estuvo fresco, también desayuné tranquilo, demasiado tranquilo, tanto que se me pasó la hora para caminar al overground. Según el gps llego en 9 minutos, y estaba a 4 de la hora d partida, si lo perdía, el próximo llegaba a los 10 minutos y llegaba tarde al trabajo. Corrí y llegué justo cuando se abrían las puertas. El día estuvo soleado, así que no me apretujaron como ayer. Llegué con tiempo. Los miércoles solemos ir a su primer jardín, al de la cadena y a la iglesia con 4 jardines.
Fuimos al de la cadena y después a varios tender, no era necesario hacer los otros hoy. Pero hubo contra tiempos, a algunos no nos dejaron entrar, en otros no había nada que hacer y estacionamos por nada. Geoff decidió terminar el día a las 13:30, temprano. Este fue mi último jardín en Londres. Llegué a acostumbrarme a ellos, a como mantenerlos y qué hacerles cada día para que estén lindos. No los volveré a ver, no volveré a tomar los tés y cafés preparados por los dueños, no más viajes en la camioneta recorriendo Este, Oeste, Centro y Norte (nunca fuimos al Sur), no más comer lo del tupper senado en el asiento del acompañante, no más charlas de Karate y desarrollo marcial entre jardines. A muchas cosas me acostumbré. Las disfruté mucho, pero no las voy a extrañar, seguro que en mi próximo destino encuentro con qué reemplazarlas rápidamente. Fue una buena experiencia la de jardinero en Londres, aprendí mucho y me llevo ideas para hacer en La Plata.
Volvimos a su casa y organizamos su jardín. Me dijo que si fuera su último día de trabajo no estaría con ánimos de trabajar, por eso me concedió la tarde. También para que tenga tiempo de organizarme para la partida.
Después de terminar su jardín me invitó unas papas fritas con salchicha enmantecada. Un almuerzo de despedida. En la última charla hablamos de Karate, su examen, sus instructores, el chico nuevo que empieza mañana en reemplazo mío y su posible visita a Irlanda antes de Navidad.
Hasta luego Geoff, nos vemos en tu casa.

Los jardineros que no saben sonreirle a la cámara

Volví sin retrasos a Sprowston Mews. Dejé la mochila en la pieza y llamé a una bicicletería que está a 45 minutos caminando. Me dijeron que compran bicis. Salí con la mía y el candado. El camino atraviesa el Stratford Centre y el centro comercial de Stratford Station, entra directamente al Victoria Olympic Park por el frente del estadio, en este punto me desviaron, detrás de mí se escuchaban hordas de gente gritando y cantando en francés. La hinchada francesa se dirigía al estadio, son ruidosos los pibes. Llegué a la tienda, vieron mi bici y decidieron que no la pueden comprar; es vieja y está en mal estado, le tienen que poner plata encima y no la pueden vender muy cara. Me la llevé de vuelta a casa. Pensé en dejarla en la calle y que alguien se la lleve, pero preferí dársela a alguno de los chicos.
Me tomó otra hora llegar. Le dije lo que me pasó a Ali y este se ofreció, sin aceptar no ni peros, a venderla y enviarme la plata a donde sea que esté ene se momento. Hay buena gente en esta casa.

Puesto de café en Kentish Town
Puse la tarta que me quedaba en el horno y empecé a armar la valija. Se supone que tardaría 45 minutos a 190 grados, pero la saqué a los 15, se estaba quemando ya. Puse la cena sobre la mesa y Ali me dijo ‘No es suficiente, tomá, quedate con esto para el viaje’. Me dio dos paquetes de papitas, uno de maní y me ofreció fruta. Después de comer seguí seleccionando ropa y cosas. Ali se fue a trabajar, nos compartimos contactos, si vuelvo a esta ciudad lo puedo llamar y me ayudará a buscar alojamiento.
Apareció Bogdan, estaba contento de verme, temió que me haya ido y que no tuvimos oportunidad de despedirnos y de tomar un mate más. Me invitó de su cena, yo hice un mate y lo tomamos con lo que quedaba de mi torta de manzana y su cheescake. El mate se vio interrumpido por Opu, que apareció con un nuevo potencial inquilino que va a ocupar mi cama, también es rumano, así que Bogdan hizo de intérprete, no porque el nuevo no hable inglés, sino porque el inglés de Opu hay aprenderlo como si fuera otro idioma.

Nos despedimos con abrazos y volví a la pieza a seleccionar. Me costó decidir qué dejar y que llevar.
Calle aleatoria de Londres
Quise hacer un intento de cerrar la valija y pesarla, pero la balanza no responde, había que cambiarle ambas pilas, no sólo una, en Finlandia le compro la otra. Lo obligatorio es: los aikidogis, los cinturones, la hakama, los 4 regalos para los senseis, los libros de japonés y la ocarina (no los usé pero no los abandono, voy a retomar), la afeitadora, la jabonera, los zapatos nuevos, la laptop y la ropa más abrigada. Agregué el mate y la yerba, pero dejé el termo. De la ropa dejé fue la maya y la toalla de Southampton, 4 remeras, la camisa verde de Soho (esta me costó dejarla, me gusta mucho y la usé mucho, pero se vienen varios meses de frío en serio, no la voy a necesitar y me ocupa espacio), el pantalón corto y el short Everlast, un pantalón largo y varios pares de medias.
Cerré la valija sin expandirla, tiene que pesar menos de 20 kilos. La laptop la puse en la mochila y me dejé el buzo y la campera afuera. A dormir a las 11:30.


Me desperté con la alarma a las 3. Desayuné todo lo que me quedaba, medio tazón de cereales, un paquete de bocaditos de futa y un café. Me llevé a último momento la mitad de los saquitos del English Breakfast Tea, la mitad aún sellada. El primer tramo del viaje a Victoria era con la línea 25 de autobús, sin problemas hasta Bank. Se supone que tomaría la línea N11, pero en la parada que me indicaba el GPS no paraba esa línea, fui a la otra opción, a la línea Circle de metro, estaba cerrado todavía. Caminé hasta otra parada del N11, esta sí era. Llegué a tiempo para tomar el National Express al aeropuerto en la estación de ómnibus, pero no para devolver la Oyster y recuperar el depósito de 5 libras. En la puerta 9 a las 5:20, 10 minutos antes de la salida programada, nos informaron que se canceló el servicio de las 5:30 y que podemos tomar el de las 6:30 con el mismo boleto. Mi vuelo es a las 9:40, quería estar en el aeropuerto entre las 7 y las 7:30 para estar con tiempo, el servicio de las 6:30 me deja a las 8. Caminé a la estación de trenes, como varios otros. No compré el boleto del Gatwick Express, pero el de la línea Southern, que vale la mitad y va al mismo destino. Aproveché para recuperar la plata de la Oyster, ahora la tarjeta es o basura o un suvenir. Llegué a las 6:40, para las 6:55 ya había hecho el check in, despachado la valija y estaba viendo las pantallas informativas. Mi puerta se revelaría a las 9am.

Bueno, a esperar, podría haber tomado el micro y llegaba bien igual, sin gastar plata extra en el tren. Ya está hecho. Estuve las siguientes dos horas sentado en el Lounge (es como un sector VIP al que tengo acceso gracias a tarjeta de crédito). Me ubiqué en una esquina de la barra, conecté la compu a la pared y al Wifi. Publiqué una entrada del blog y escribí y preparé la última de esta etapa. En el proceso ataqué sin piedad a la barra de desayuno en el siguiente orden: tazón de cereales, un croissant simple y uno de chocolate, una barra de queso chedar y una feta de queso de máquina, un té, un tazón de yogurt griego con fruta, tres fetas de queso de máquina, una banana, una mini madalena, y otro tazón de cereales.

Son las 9, mi vuelo sale de la puerta 14. Nos vemos en Helsinki!

miércoles, 23 de septiembre de 2015

037-Londres 21~22/sep - Se concretan las siguientes etapas



Londres 21/09 – lunes – Karate 3 / Gerry Griffin

Monté la bici con toda la confianza, se nota que le cuesta más que ayer. En el camino la inflé una vez más. Cuando la apoyé contra la pared del ante pasillo del departamento de Geoff no se veían señales de pinchadura grave. Salimos a trabajar. Dos jardines, luego volvimos a la casa del contrato nuevo a dejarle la llave al pintor y fuimos a la clase. Antes pasamos por un súper bastante grande y compramos provisiones. Él compró comida y snacks y yo sólo lo segundo. Almorzamos rápido en el auto afuera del polideportivo. Nos cambiamos fuimos a la cancha de squash/Dojo. Sensei Andy estaba ahí. Él estuvo en la clase de Shihan Leo hace dos semanas, pero no la pasada. Lo dejaron a él a cargo hoy.

[Me gustó la clase, fue formal, como les digo yo. La de la semana pasada impartida por Sensei Krishan, que hoy estaba de alumno, fue informal. Hubo intercambio de opiniones, sugerencias y estudio. Esta clase fue directa. Sensei sabía lo que quería mostrar y lo hizo y punto. Kihon – Kata – Randori – Sanchin para terminar. En estas clases hay un personaje muy especial, Ricardo, no sé de donde es, pero es muy inquieto, se mueve errático y tiene una forma de luchar  muy incorporada, con muchas falencias evidentes, pero aún así difícil de entrar sin recibir. Me pidió hacer una última ronda después de la clase porque ya me iba y no volvería tener la oportunidad. La pasamos bien. Me gusta ver la sonrisa de disfrute en la gente cuando hace randori.]

En la salida nos quedamos charlando con Krishan, es muy amigable. Le ofreció un trabajo para hacer en su casa a Geoff y a mí un lugar para dormir si vuelvo a Londres. Intercambiamos contactos y nos despedimos.

Volvimos al ruedo. Hicimos algunos jardines particulares y algunos tender. Geoff decidió terminar a las 3:30. Volvimos a su casa. En una patada en la clase se golpeó el dedo gordo del pie derecho, se le inflamó. Se quedó sentado un rato y se puso hielo, yo hice los cafés. Teníamos que esperar a las 5:15 a que sus padres se conecten al Skype. Llegó Kelly y se hizo una sopa. Son una pareja divertida. Ella se fue a recostar, sigue en rehabilitación, pero hoy fue al trabajo 4 horas para volver de a poco al ritmo. Estuvo en una licencia de 6 semanas por intervención quirúrgica. Fui al kiosco de la esquina y compré 4 lamparitas, cambié las tres de la cocina y quedó una de repuesto. Con el segundo café humeando en la barra llamamos a los Griffin. Atendió el padre, Gerald (Gerry), la madre estaba con su hermano, el tío de Geoff, así que no hablamos mucho con ella. Gerry ya había aceptado que yo me quede en su casa, así que la charla fue para conocernos. Me hizo un tour por las distintas habitaciones y el jardín, lo conocí a Roco, su perro labrador viejo. Vi mi habitación y la habitación donde dormiré una semana si es que todavía estoy ahí para Navidad. Para esa fecha la casa se llena de gente que va de visita, y a mí me mandarían a un cuarto que está buenísimo pero es muy frío, y el frío de Irlanda en diciembre debe ser notable. Antes de cortar cruzamos algunas palabras con el tío y la madre de Geoff, no recuerdo sus nombres.

Genial, próximo paso es comprar mi boleto de Moscú a Dublin y avisarle a Gerry cuando llego. Charlamos un poco más los tres, Kelly volvió al living a saludar a su suegro. Volví a mi bici y salí derecho a casa. Me llegó un WhatsApp de mi compañero a Alaska, parece que hay algunas trabas. Le pedí que me detalle y que lo leería en una hora cuando llegue a la casa.
Pasada la mitad del camino sentí la rueda trasera baja. Frené, la inflé y seguí. En seguida otra vez baja. Parece que está oficialmente pinchada. Caminé 15 minutos hasta una bicicletería. Estaba cerrada. Llovía, el teléfono se estaba muriendo y estaba lejos de casa.
Me metí la batería externa el bolsillo derecho del pantalón y el teléfono en el izquierdo, el cable cargador me cruzaba la cintura por el frente, conecté los auriculares en la salida auxiliar y los pasé por debajo de la campera impermeable y entre mi cuello y el cuello de polar. Me puse la capucha y la sujeté con el casco. Ajusté la reproducción aleatoria de música y caminé así casi una hora hasta llegar a la casa.
Es lindo caminar bajo la lluvia. Era incómodo tener las manos siempre mojadas, pero el viaje lo compensa. Eso porque tenía tiempo. Ya estaba volviendo al final del día y todo lo que me esperaba era prepararme para mañana.
Subí la bici y me duché.
Lo leí a Agustín (mi compañero de Alaska), parece que está complicada su licencia para 2017, pro hay alternativas y posibilidades de volver a pedirla. Es cuestión de no colgarse.
Iba a cocinarme otra vez las verduras al horno, pero en lugar de eso me comí un paquete de galletitas con dos tés y me fui a  dormir contento.



Londres 22/09 – martes – Confirmaciones varias

Mientras desayunaba, esta vez sin tostadas, pero con madalenas enormes con chips de chocolate y un tazón de cereales con leche, me decidí y compré el boleto de autobús de Victoria al aeropuerto Gatwick. El vuelo a Helsinki ya está reservado y pago, el de Helsinki a Moscú el 30/09 también, pero me falta agregar el equipaje, que hace unas semanas tuve problemas. Hoy quería reservar el vuelo de Moscú a Dublin para el martes 13 de octubre, pero la página me seguía rechazando la tarjeta. Pensé en ir a una agencia de viajes local después del trabajo. Me fui con eso sin resolver. En el overground (como el metro pero por tierra) reservé un hostel en Helsinki por los dos días que no duermo en el Dojo. No me respondieron los mails que mandé a los otros dojos. Pero la reserva fue gratis y también lo es la cancelación, así que si surge algo en el seminario cancelo. El tren estaba lleno como nunca, no tuve necesidad de sujetarme de ninguna manija, la presión de los demás pasajeros era suficiente.
Llegué a lo de Geoff y salimos a las casas. Habremos pasado por dos jardines y por al menos 6 de los tender. En dos de ellos, cuando terminamos, se me paró en kamae y me preguntó cómo mejorar su postura. Hoy hablamos un montón de Karate, y me dio más consejos en información respecto a Irlanda, Limerick y sus padres.
Entre jardín y jardín volví a intentar reservar el vuelo a Dublin, lo logré, la página me dijo que estaba reservado ya, pero no tenía aún el correo de confirmación. Geoff me pasó el WhatsApp del padre, pero no lo voy a escribir hasta estar seguro de la fecha.

Cuando llegué a casa, volví igual, con el overground, estaban Ali y Opu, yo quería ir a una bicicletería a vender la mía, pero decidí quedarme a esperar. Ali fue al banco a buscar una plata para Opu y me devolvió mi depósito. Para ese momento ya eran las 6 y los negocios estaban cerrados. Mañana es mi última oportunidad.

Me pasé toda la noche escribiendo, lavé la ropa para tenerla seca para mañana y armar la valija. Revisando mails leí una confirmación de reserva de mi vuelo a Dublin pero pendiente de pago. Quiero creer que el vuelo está listo, pero voy a esperar al pago para comunicarme con Gerry. Otra cosa que me dejó más tranquilo fue que pude pagar por mi equipaje para el vuelo a Rusia, tengo la factura virtual, sólo me queda pendiente el pago ese y ya está todo aceitado.

Para no marearme me hice una nota en el teléfono con la info de los tres vuelos. Noté que me falta el tren de Moscú ida y vuelta a San Petersburgo y el micro de Dublin a Limerick, pero esos son fáciles y hay tiempo.
Ali me recomendó comprar la tarjeta Visa Crédito Prepaga, que es muy útil. Veré que hago. Por ahora me voy a dormir. Mañana es mi último día en Londres.

martes, 22 de septiembre de 2015

036-Londres 20/sep - Vamos bici! Tu puedes!



Londres 20/09 – domingo – Más Aikido / Adiós Andras

Me desperté temprano y desayuné lindo. Tuvimos tiempo para una charla con Ali antes de irme. Salí de la casa a las 9:30 y llegué justo a la clase de las 10:00 en Rushmore Primary School. La clase la impartió el líder del London Aikido Club, Andy Hathaway, 6to Dan. El Dojo, al que fui en mi primera clase en Londres en agosto, está en otro lado, a esta escuela van los martes y domingos para las clases de armas.

[Sensei no me reconoció, le dije que había asistido a una de sus clases pero no se acordaba. Me dijo que me convenía ir a la clase del Dojo porque la de la escuela era un poco avanzada. ‘Sabés el kumijo del kata 31?’, me preguntó. Le dije que sí, hace un buen rato que no lo hago, pero hubo una época, no muy lejana en que lo hacía de memoria.  Me prestaron un jo y empezamos la clase. Hicimos todos juntos el kata 31 en solitario 4 veces, después nos vio hacerlo 2 veces más, corrigió detalles y otra vez. Cuando estuvo satisfecho nos volcamos al bunkai. Empezamos donde se habían quedado en la última sesión, el paso 18. Lo hicimos hasta el final, esta tarde se vuelven a  juntar a las tres y lo van a encadenar completo. Su estilo es Iwama, aprendieron directamente de Saito Sensei y hoy lo siguen a Inagaki Sensei (actual líder del Dojo de Iwama). Hay varias diferencias menores, pero hay una que es mayúscula respecto al estilo Kobayashi/Igarashi que aprendí. Nosotros, en los momentos en que las armas se tocan en los desvíos, siempre uno está manteniendo el centro propio y del otro a la vez que mantiene el contacto, ya que si este se pierde damos lugar a un ataque, esto obliga al desventajado a buscar otro ángulo para entrar; ellos desvías el ataque y en seguida se alejan guardando distancia, casi como un rebote, de esta manera no dan oportunidad al otro de aprovechar el contacto para desviar y desbalancear.]

Esta tarde no podía ir. Ya le había dicho a Andras de vernos a las 14 en lugar de a las 10 para poder llegar a esta clase. Volví a la casa revisando cada dos cuadras el estado de la rueda trasera. Parece que no llega mantenerse inflada, pero sigue con algo de aire para no romperse. Llegué a la casa, colgué el aikidogi, doblé la hakama y fui al restaurante árabe de la esquina. Pedí Curry de pollo con pan nan, vino con una ensalada de cebolla. Muy rico, aunque picante también. Para cuando terminé estaba sobre la hora para salir. Compré dos paquetes de galles para acompañar el mate. En la mochila llevaba el equipo para darle de probar a Andras.
Vista desde el ventanal

Vista desde el ascensor
Nos encontramos en la estación de Liverpool. Caminamos hasta el edificio donde está el restaurante Sushi Samba. En la base hay una recepción chica, le dijimos que sólo veníamos por la vista y nos mandó al piso 39. El ascensor los subió en 25 segundos. Es genial ver como muta el paisaje a cada metro. La zona del mirador tiene dos pisos, pero es principalmente el de arriba, hay un bar exageradamente caro y una barra de sushi, se puede ver una vista espectacular desde los ventanales y otra desde la terraza. Nos tomamos un jugo de naranja cada uno por cortesía. Estábamos ahí por no pagar las 30 libras del rascacielos The Shard, que es el doble de alto con el mirador en el piso 68.
Nos fuimos de vuelta a la estación, desaté la bici y caminamos hasta St. Paul’s Cathedral. Por fuera es imponente, enorme, nos pusimos a ver los detalles de los acabados de las esquinas y la disposición de las esculturas. Tirando ideas e hipótesis de cómo se las ingeniaron para hacer semejante infraestructura hace siglos nos topamos con una cartel informativo. Fue construida en el siglo 14, luego fue semi-destruida por el gran incendio del siglo 17 y reconstruida inmediatamente como la vemos hoy. Por ser domingo no se puede acceder al museo de las galerías internas, me dijo Geoff que es tan grande que se necesitan al menos dos horas para verla completa. Entramos en silencio durante
Saint Paul's Cathedral
una misa, caminamos por separado apreciando los diferentes detalles que ofrece la cámara. Las iglesias le dejaron a  la humanidad una gran cantidad y calidad de arte arquitectónica. Estaba por salir y escuché al órgano sonando con una melodía profunda y solemne, se me erizaron los pelos. Me quedé quieto para que la música me llegue aún más. Fue un gran momento.
Salimos y caminamos un poco más por los jardines, nos sentamos en un banco y comimos uno de mis paquetes de galles, pero sin el mate. Nos despedimos y nos deseamos suerte. Andras se convirtió en un trabajador ocupado y apurado de Londres.
Ya solo, pedalee hasta London Bridge Station con la intención de averiguar los precios y horarios de los trenes a Gatwick, porque ya sé que los que salen desde Victoria son carísimos. Resulta que valen similar, o al menos ambos son mucho más caros que el micro, y los horarios no me sirven. Volví a la bici y caminé hasta la mitad del London Bridge. Me senté contra la baranda de concreto y me preparé el mate. Pasé un lindo rato sentado solo, tomando y comiendo galles. Revisé varias formas de ir a Victoria desde la casa a las 5:30 am. Saliendo a las 4:30 no hay metro. También chatee con la familia y con Dani Torres, mi compañero de seminario de España. Como él sí se informa de los acontecimientos globales, me mandó un enlace a un diario español. Se armó la podrida en Finlandia. El 75% de la población activa hizo paro a causa del anuncio de futuros recortes salariales. Él está preocupado, yo todavía veo a Europa como un mundo de fantasía en ese aspecto, seguro se va a solucionar para la semana que viene.
The Shard destacando

Terminé las galles y casi todo el termo. Volví a casa. De cenar hice una ensalada y papa y la zanahoria blanca al horno. Mientras cociné los almuerzos. Herví en la misma cacerola al mismo tiempo arroz blanco, papa, zanahoria y la blanca con un caldo de pescado prestado. Con todo listo y escurrido le tiré el cantimpalo que me quedaba para darle un poco más de sabor. Lo guardé todo en la heladera y me volqué al blog. Escribí un rato, lavé los platos y preparé la mochila. Mañana es mi última clase de Karate y la charla con los Griffin padres.

lunes, 21 de septiembre de 2015

035-Londres 19/sep - Pero qué pedazo de día!



Londres 19/09 – sábado – Cuarto Dojo de Aikido / Portobello Market

Arriba sin alarma a las 5:30, pensé en volver a acostarme pero no me lo permití, más de nueve horas de sueño es más que suficiente. Me preparé tostadas y café y me puse a escribir. Luego un tazón con cereales, busqué como ir al Dojo, la clase fue a las 10am. Después de deliberarlo un rato decidí ir en metro todo el día. Mi plan era ir a la clase, de ahí al Portobello Market y comprar regalos para el seminario de Finlandia. Con la bici me ahorro las 7 libras del transporte público, aún así la dejé en casa. A las 8:30 llegó Ali, yo ya me estaba preparando para irme. Salí a las 9 con la mochila grande casi llena y fui directamente a Forest Gate a tomar el Tfl, hice conexión en Liverpool Street con la línea Metropolitan de metro y me bajé en Euston Square, la misma estación de donde tomé el tren a Telford. El Dojo está en las instalaciones de del centro de actividades del University College London (UCL). Estaba a dos calles, pero agarré para el otro lado y caminé ocho. Llegué sobre la hora y me hicieron llenar un formulario de inscripción, pagué 5 libras para ser socio por un día. Con este poder puedo usar hasta la hora de cierre todas las instalaciones, salones de gimnasio, asistir a cualquier clase que haya y los vestuarios libremente. Sólo fui a Aikido. Mientras me cambiaba me encontró el alumno que conocí en el seminario. Esta vez llevaba hakama, en esta escuela los kyus avanzados, él es 1er kyu, la usan, pero como estaba el representante del Tokyo Hombu Dojo se vistió según su etiqueta para la ocasión.

[La clase empezó con aiki taiso, seguida de tai sabaki, llegó una alumna, ya éramos 3 y Sensei. Tomamos bokken e hicimos suburi no bu, pero con una particularidad, ella lo pide de ambos kamaes, incluyendo cambiar el orden de las manos al sujetar (en hidari hanmi la mano izquierda sujeta antes de la tsuba y la derecha en la base del ken). Lo llama la forma no convencional. Me pareció interesante, me sentí raro, y tuve que reencontrar mi equilibrio. El 5to paso del happogiri lo hace a 45 grados en lugar de a 135 como lo hacemos en Argentina, en España era lo mismo. Después hicimos los 8 Chiba, son 8 ejercicios básicos con bokken desarrollados por Chiba Sensei , quien fue el padrino de la United Kingdom Aikikai.

Sensei Barbara dijo que en Aikido entrenamos Aiki ken, no kenjutsu, no buscamos ser samuráis ni guerreros espadachines, sino que todo lo que hacemos con el ken tiene un propósito trasladado a las técnicas de mano vacía, es una herramienta de aprendizaje.
Dejamos bokken y pasamos a tachiwaza. Trabajo de tainohenka seguido de kokyuho y kokyunage. Pasamos por un repaso del examen de 6to kyu, la alumna lo está preparando. El último segmento de la clase nos puso al 1er kyu y a mí a practicar técnicas un poco más avanzadas. Ella me tomó de uke varias veces y algunas otras de compañero mientras sus alumnos practicaban la propuesta. El final fue con saho kokyuho y haishiundo.]


Al centro abajo, bollo de choclo
Many People
Terminada la clase guardamos el tatami y dejamos limpia la cancha de squash. Una pequeña charla mientras nos sacábamos las hakamas y fui a hacer uso del vestuario. Me duché y volví a Euston Square, esta vez tomé la línea Circle hasta Ladbroke Grove, desde donde caminé 3 cuadras al Portobello Market. La primera impresión fue decepcionante, ya que esperaba un despliegue de stands de comida vistosos y espaciosos, como los del Burough u Osborn Markets, pero este está dispuesto sobre la Portobello Road, que es una calle normal, luego vi que el largo es de al menos 10 cuadras. Lo recorrí completo. Lo primero que hice fue comprar un bollo de choclo, estaba rico. Me detuve a ver cada stand de comida, me decidí por un sánguche de milanesa de pollo, no estaba tan bueno. Seguí caminando y volví al sector de la comida, en un puesto ghanés compré un guiso de pollo y maní con arroz y plátano a la sartén. Riquísimo, cuando lo terminé volví para decirle lo bueno que estuvo. Lo acompañé con un pan de oliva que compré en otro stand. Lo almorcé sentado tranquilo en el patio de una iglesia cercana.
Olivas y más olivas
Cámaras antiguas
Me moría de ganas de comer todas las cosas dulces, pero sentía que estaba lleno, para no tentarme caminé hasta uno de los extremos, después de 50 metros ya no había comida, salvo los puestos del Notting Hill Crep. A diestra y siniestra asomaban artesanías y antigüedades de todo tipo; cámaras, pelotas, cosas que uno encontraría en un barco, curiosidades, pieles, alfombras, cortinas, vajilla, cubiertos, calzadores, pipas, lupas, monedas, pinturas, esculturas, sombreros, y más y más. En el primer cruce había dos hombres tocando Jazz, me parecieron muy buenos, les dejé unas monedas y los filmé. En la tercera calle había una señora mayor cantando, se vestía muy extravagante y tenía el pelo teñido. La música la reproducía con su I-phone. También me gustó, me llamó la atención porque estaba interpretando Hallelujah, me recordó a la primera vez que lo escuché a Leonard Cohen en lo de Ariel. Seguí caminando y me detuve frente a un señor mayor que estaba tirado medio desparramado en el piso contra la pared de una casa. Vestía como un indigente y tenía una barba que hacía juego con su pinta. Tocaba un saxofón desconectado, sin micrófono ni ningún otro sonido u aparato que lo acompañe, sólo él y su instrumento, que por alguna razón tenía un trozo de toalla verde vieja cubriendo la boca del saxo. Me gustó mucho, lo filmé más que el resto, le fui a dejar monedas, pero se me habían acabado, volví a la zona de comida a buscar cambio, pero al volver ya no estaba.
Camperas de cuero usadas
Comida vegetariana
Frente al stand de Ghana hay un Café Nero. Entré con tres intenciones, tomarme un chocolate caliente con crema como me lo recomendó Geoff, chatear un poco con la familia y el grupo de Aikido, y usar el baño. Fue un éxito. El chocolate superó mis expectativas, realmente bueno. Lo acompañé con una especie de pancho dulce, en lugar de pan de pancho era masa de dona azucarada, en lugar de salchicha estaba relleno de crema y bañado con jarabe de frambuesa, fue hermoso, lo compré en el mismo stand de donde saqué el pan de oliva.
Uno de mis planes, aún inconcluso en ese momento, era comprarle un regalo a Waka Sensei para darle en el seminario de Helsinki la semana que viene, me encantaron unos calzadores que vi en la zona de antigüedades y artesanías. Son hechos nuevos en un estilo antiguo. Buenos diseños y calidad. Pero 39 libras es mucho para un regalo, incluso para el príncipe del Aikido si es que lo voy a pagar yo sólo. En la misma calle del Café Nero hay una casa que clama haber ganado premios por sus tés, cafés y chocolates calientes. Tenían para probar todas sus variedades de té, pasé por las 10 y me decidí por llevar dos paquetes de uno que es té negro con limón, jengibre, limoncillo, regaliz y alguna otra cosa más. Muy rico y suave. Comprando dos me regalaron una lata bonita. Puse una de las bolsas en la lata y eso va para Waka Sensei. La otra bolsa, que también es linda, es para Hiroaki Sensei en Tokorozawa Dojo cuando vaya a Japón el año que viene. Inglaterra y Japón coinciden en al menos tres cosas: una ciudad capital enorme y apurada, la pasión por el té y la costumbre de sacarse los zapatos al entrar en las casas de familia.
Con la mochila un poco más pesada, ya que tenía el buzo dentro, y las bolsas del té y lo que me sobró del pan de oliva en la mano, encaré para el otro sector del mercado, la ropa. Desde prendas hechas en casa, hasta ropa de segunda mano a bajísimos precios. Sacos y camperas de cuero a 10 libras, vestidos a 5, un descontrol. Gorros, remeras, pantalones, zapatos, guantes, cantidades de ropa hippie, más artesanías y algunos puestos de comida. Por deporte nomás compré un croissant de almendra. Me gustó desde que probé uno el miércoles. Este también estuvo buenísimo. Saqué muchas fotos. Es sin duda el mercado más grande al que fui hasta ahora.
Se estaba haciendo tarde y quería volver a casa temprano. Justo cuando estaba volviendo vi otra vez el poster de una película que está en cartelera, ‘A Walk in the Woods’, me gustó el nombre y la imagen. La leyenda también me atrajo. Entré en la línea Circle en Ladbroke Grove en dirección a Hamersmith. Al sentarme me puse a buscar en las carteleras a ver en qué cine podía ver la peli. Eran las 4:40 y a las 5:40 la pasaban en el Odeon Cinema en Swiss Cottage. Bajé en Paddington y tomé el autobús 46 que me dejó en la puerta. La entrada se compra en una máquina, sin interacción humana. Me dio 4 recibos, temí haberla pagado dos veces, además era la más cara. Entré al pasillo de las salas y corroboré con el boletero que sí había comprado sólo una, menos mal. Sala 3, en la puerta había un cartel luminoso que decía que estaban pasando mi película, entré y estaba vacía con la pantalla apagada. Fui al baño, volví y seguía igual. Me senté en la butaca que elegí en la máquina y puse mi mochila y bolsas en el asiento de al lado. Para cuando terminaron los comerciales y estaban empezando las colas ya éramos como 8 en la sala. Sala de 100 personas aprox, chiquita.

¡Atención! En el siguiente párrafo voy a contar partes de la peli, si la quieren ver y no quieren saber detalles, saltéenlo.

/El protagonista, Bill Bryson, es un viajero experimentado que conoció gran parte del mundo, hoy está grande y vive de sus libros. Recientemente sacó una antología y se siente acabado. Le surge la idea de hacer un viaje aventurero en su tierra natal, Estados Unidos, lugar del que nunca escribió. ¿Por qué habló de todo el mundo pero no de su país? Va a escalar el camino de los Apalaches. Es una locura para un hombre de cincuenta y largos años, incluso para él. Pero lo va a hacer, está decidido. El único loco que se le suma al viaje es un ex compañero de viajes con el que se peleó hace 40 años y nunca volvieron a hablarse. El tipo está recuperándose de una vida de borracho, está gordo y en pésimo estado. Empiezan el viaje y comparan sus vidas en varias charlas, tienen aventuras varias y aparece un poco de la comedia de la peli. En un punto el compañero casi lo convence a Bryson de saltearse el camino difícil manejando una camioneta lujosa por la ruta, pero este se negó y siguió caminando. Siguieron y siguieron hasta que cayeron en un pequeño risco y fueron rescatados a la mañana siguiente. Bryson entendió que está viejo para estas cosas, estaba decidido a terminar el recorrido, aún así el dejarlo y volver a casa con su esposa no lo dejó abatido ni derrotado. Estaba bien. En su escritorio tenía varias postales que su amigo le fue mandando en cada pueblo que paraban. La última le pregunta ‘¿Y ahora qué sigue?’, Bryson sonríe y titula su nuevo libro, A Walk in the Woods. /

Lo que me dejó la peli fue una sensación de seguir. De que la vida continúa y hay que seguirle el ritmo. Y seguir el ritmo, no parar, no significa correr más de lo que te dan las piernas, o iniciar empresas que están por encima de tus propios límites. Significa hacer, conocer nuestros límites y expandirlos. Si estamos tocando un instrumento musical siguiendo una partitura con otro instrumento sonando de guía para los tiempos, surgen tres escenarios; 1) Vamos más lento, entonces el ritmo nos supera, se nos aleja, nos quedamos atrás y nos sentimos perdidos; 2) Nos apuramos y nos adelantamos al ritmo, para cuando nos detenemos a escucharlo no entendemos por dónde está, nos confundimos, nos sentimos perdidos; 3) Logramos tocar a la par del ritmo y con precisión la partitura, generamos una armonía agradable e infinitamente disfrutable. Aquí nos puede invadir el miedo a perder esa armonía, entonces vamos a oscilar entre las opciones 1) y 2) hasta tropezar y caer, entonces tendremos que generar un nuevo ritmo. Porque si bien nos caemos para levantarnos, al levantarnos no somos el mismo que se cayó y debemos sonar distinto, con una nueva armonía, más propia con cada tropiezo.

Cuando terminó la peli, me quedé pensando en que lindo sería que se dé lo de Irlanda. Encendí el teléfono y me llegó un mensaje de Geoff. Sus padres quieren hablar con migo el lunes después del trabajo. No es un Sí, pero es algo como una entrevista, es mucho más positivo que un No. Salí del cine contento. Entré en la estación de metro de Swiss Cottage y volví a casa haciendo combinación de Liverpool Street. Legué a casa a las 9:30 creo. Escribí un poco con un té, no cociné, me había comido la vida en el mercado. Planee el día de paseo de mañana con Andras. Vamos a ir al restaurante Sushi Samba, solo se entra con reserva y es carísimo, pero te dejan ir a ver la vista, está en el piso 39. Y después vamos a ver la Saint Paul’s Cathedral. Me dormí con el teléfono en la mano y la compu encendida.